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viernes, 28 de junio de 2013

Tercer capítulo "Otoño en la piel, primavera en la sangre"

Aquí les dejo la tercera entrega de mi novela.
            "Otoño en la piel, primavera en la sangre"





Barcelona
Capítulo
3


 Llegamos a casa y retomamos nuestra rutina, mi prima volvió a sus estudios, y yo intenté dar sentido de normalidad a la vida, después de... dejar mi vida atrás.
Continuamos con nuestros preparativos de boda, y cada vez que estaba con mi prima, le imploraba con los ojos que continuase guardando silencio, al fin y al cabo fue algo pasajero, por lo corto, pero que a mí me daría la vida, el recuerdo de lo que por una mala jugada del destino, no volvería a suceder.
Lo que no pude prever, fueron las consecuencias de mis actos tan irreflexivos, Ricard no dijo nunca nada, pero notaba que yo no era la misma, me mostraba como ausente y aunque intentaba disimular, la verdad, no siempre  lo conseguía.
Al poco tiempo de nuestra vuelta empecé a sentirme indispuesta, todo el mundo lo achacaba a los nervios por los preparativos de la boda, que para mayor locura, habíamos adelantado, pero mi bajada de peso y mi malestar, era otro muy distinto, las ojeras estaban invadiendo mi cara y yo, que siempre me quejé de mis curvas, las estaba perdiendo a pasos de gigante y lo que era peor, era incapaz de retener nada en el estómago.
Poco más de un mes después, nos casamos, por la iglesia como dios manda y como teníamos planeado.
Fue un día muy bonito dentro de lo que cabe, y por lo menos ese día, no pensé en lo que hacía, sencillamente me deje llevar. Nos fuimos de viaje de novios, nos quedamos en la península, porque ya el presupuesto lo habíamos gastado en pequeños lujos para la casa, puesto que a Ricard no le gusta demasiado viajar, lo hace por trabajo, así que prefiere quedarse en casa, y a mí me pareció que no tenía ningún derecho a obligarlo, cuando yo acababa de volver de mi accidentado viaje.
Estuvimos recorriendo el norte de España que no lo conocíamos y lo cierto es que nos cautivó, el clima era fresco y olía a limpio, las costas tan agrestes y tan diferentes de las catalanas, Santander nos pareció el sumum de la distinción, en  San Sebastián supimos lo que era llover, parecía que no pudiera caer más agua y Galicia, que decir de la pequeña escocia, pasamos quince días en los que, como mínimo, intenté que pareciese una luna de miel de verdad y hasta creo que lo conseguí.
Volvimos cargados de energía y hasta pensé que había superado mí “problema”, aunque pronto me di cuenta que era solo un espejismo, la contrariedad estaba latente y se agravaba con el paso de los días.
¡Estaba embarazada! Y ahora sí que no sabía como decírselo, ni a mí ya marido, ni a mi familia.
Me iban a crucificar cuando lo supieran, yo que siempre decía que esperaríamos por lo menos dos o tres años antes de traer criaturas al mundo, que teníamos que estar seguros, puesto que la paternidad es algo muy serio y más, cuando ha sido por una infidelidad, sí, mi malestar no era producto de los nervios ni nada parecido, mi estado anímico tenía más que ver con mi estado físico.
Los días pasaban y ya no podía ocultar por más tiempo la situación, entonces decidí, que lo mejor era contárselo a mi marido, ¡qué dios se apiadase de mí!