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domingo, 14 de julio de 2013

Cuarto capítulo, Otoño en la piel, primavera en la sangre


Iowa

1981



Capítulo 
 
4



-Venga, Guy por favor no te lo tomes así, al fin y al cabo no me irás a decir que el mujeriego que nunca se dejaría atrapar por ninguna mujer, está que se muere por la española- intentaba animarle Beatriz sin demasiado éxito.

-En realidad no sé qué me pasa, la verdad han sido pocos días, pero tan acelerados que en este momento estoy confundido, ahora si no os molesta me gustaría estar solo.

-Si te sirve de ayuda tengo su dirección en España, quedamos en escribirnos- iba diciendo Liliana.

-Me dijo que no le escribiese que lo nuestro terminaba en el momento que subiera a ese avión- contestó con pesar.

-Desde cuando has hecho caso de lo que te dice una mujer?- preguntó Beatriz.

-Han pasado varios meses y aun sigues igual, de que te sirve estar a punto de graduarte en psicología si ni siquiera eres capaz de ayudarte a ti mismo.

-Creo que a lo mejor equivoqué la carrera, tendría que haber escogido la carrera “como no poder dejar de pensar en una sola mujer”- dijo intentando ser irónico pero le salió con más animosidad que sarcasmo.

Estaba a punto de graduarse pero se le notaba apagado, los amigos intentaban de diversas maneras, a cuál más ingeniosa, levantarle los ánimos, pero nada funcionaba, el chico desenfadado y dispuesto siempre a gastar una broma, había dado paso a un hombre serio y cabizbajo.

Llegó el momento de la graduación y con unas notas excelentes recogió su diploma y se perdió, a sus amigas del alma solo les dijo que iba a empezar una nueva vida, que pensaba recorrer mundo y quedarse donde nada le hiciera recordar el nefasto último semestre de carrera y la excursión a NY que emocionalmente tanto daño le había ocasionado.

Como hijo de diplomático que era, no le costaba nada cambiar de ciudad, ni siquiera de país, por lo tanto su prioridad en aquellos momentos era recorrer todos los Estados Unidos y después instalarse en algún lugar cálido y lejos de recuerdos ingratos.

Durante algún tiempo fue incapaz de dedicarse a la psicología por lo que realizó las más variadas ocupaciones, se dedicó a lavar coches y a la jardinería, incluso llegó a ser socorrista en una piscina privada, después de todo ese periplo, el destino le llevó a la meca del cine, donde como casi todo el mundo que llega de primeras allí, acabó trabajando de camarero. De lo que nunca ejerció, cobrando, claro está, fue de psicólogo, aunque eso sí, sin tener gabinete eran muchos los amigos que se dejaban aconsejar por él.

Con el transcurso de los días, la nostalgia pareció dar paso, por lo menos de cara a la galería, a lo que podríamos llamar naturalidad. Aquella angustia de los primeros meses dio lugar a algo parecido a la normalidad cotidiana. Volvió a frecuentar la compañía femenina y sus amistades empezaron a respirar tranquilos, la depresión había pasado.

Poco a poco el ritmo de los días se convirtió en rutina y aquello empezó a cansarle de nuevo, volvió a plantearse nuevos retos, si la psicología al final no era lo que pensaba, tendría que buscar algo que le llenara más y estando donde estaba ¿por qué no probar suerte con el cine?

Aquello del cine tampoco resultaba ser nada fácil, la competencia era muy grande y la paciencia no era una de sus virtudes, en cambio, sí lo era la tenacidad, por lo tanto tenía una gran capacidad de trabajo y llamando a todas las puertas inimaginables, al final le llegó el momento esperado y para el que se estaba preparando hacía ya meses.

Un fin de semana que tenía libre le llamaron de uno de los muchos castings que había realizado para sustituir a un actor que rechazó el papel en el último momento, así que le llegó la hora de aprovechar la oportunidad y no lo pensó dos veces.

Aquel papel inesperado le abrió las puertas de una industria, que todos sabemos es muy incierta pero que él supo hacer que fructificara, empezaron a darle guiones cada vez más interesantes y a medida que subía su popularidad también sus conquistas, se volvió un donjuán.



Llegó un momento en que los trabajos que le ofrecían eran casi todos similares y empezó a hastiarse, de más de lo mismo, entonces le llamaron para hacer un cameo en una serie de habla hispana y como el español lo dominaba bastante bien, por probar algo nuevo dijo que sí.

Estuvo en Argentina grabando una serie para aquella televisión y le gustó la experiencia y repitió esta vez con una teleserie ya un poco a su medida. Fue en este país donde conoció a una joven que pareció sacarlo del ranking, empezaron a salir y parecía que la cosa podía cuajar, la joven en cuestión era la maquilladora de la productora y como se veían prácticamente a diario decidieron compartir apartamento.

Como tenía mucho trabajo y un ritmo de vida frenético por fin dejó de pensar en su “española” como decía él y decidió que era el momento de sentar cabeza, así que le pidió matrimonio a su compañera de piso y al mes siguiente se casaban.