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miércoles, 26 de febrero de 2014

Chismes...

No soy chismosa, lo juro, lo que pasa es que los chismes acuden a mí, yo no me intereso por nada que no tenga que ver con mi vida, pero hete aquí que a todo el mundo le da por explicarme sus cuentos y sus movidas.
Para entrar en situación les diré, que tengo un pequeño negocio, una estética para ser exactos, cuando los clientes están en plena sesión de belleza pues tienden a, digamos que, "dejarse ir" así me cuentan si tienen amantes, si tienen broncas con los vecinos, si los maridos pasan más tiempo en el bar que en casa, que las esposas están todo el día de compras, vamos, nimiedades que a mí realmente no me interesan, pero claro está, los clientes siempre tienen la razón y por todos es sabido que si no la tienen se les da. Pero juro que yo so soy chismosa.
El problema viene cuando el otro día me tocó hacer de celestina, yo no quería, pero claro cuando una clienta te lo pide pues ¿qué hacer? cómo negarse, así que no me quedó más remedio que organizar la cita.
Me explico, mi clienta es una chica joven, recién separada y un poquito casquivana, un día en la sala de espera conoció a un joven que para mi lo quisiera, de lo bueno que estaba, el problema del joven es que se lo creía y claro la prepotencia era enorme, tanto como sus bíceps, aunque fuese incapaz de entablar una conversación con una desconocida.
Maitechu, la joven en cuestión, siempre pedía hora dependiendo de si venía el joven o no, escogía sus días siempre coincidiendo con él, para entablar conversación en la sala de espera, ella llegaba antes solo por verlo entrar o salir, ya que la supuesta conversación no llegaba nunca.
Maitechu es una niña mal de casa bien, me explico, nunca a carecido de nada y eso se nota en su carácter, es decir lo quiero y automáticamente lo tengo, así que para ella era todo un reto que el joven Sebastián, aun no se hubiese fijado en ella. Y aquí me tienes a mí, concertando una cita, que en realidad no era tal, sencillamente tenía que tropezar con ella a ver si se fijaba y a ella, o se le quitaba la obsesión, o se lo llevaba a la cama.
Hice mis preparativos, no podía quedar mal con ella, me dejaba muy buenos ingresos y con la crisis que tenemos en el país no hay que desdeñar ninguna ganancia, por escuálida que esta sea.
Llegó el día y Maitechu estaba de los nervios, llegó como media hora antes de tiempo y claro, la espera la puso de los nervios, tanto que pensé que desgastaría el suelo de tanto como lo paseó.
A medida que se acercaba la hora, Maitechu intentaba parecer tranquila, cogía una revista, rápidamente la soltaba por falta de concentración, solo tenía ojos para la entrada a la recepción.
En un momento dado se levantó para ir al baño, los nervios ya se sabe, cuando saliendo se dio de bruces con el joven, Sebastián llevaba en las manos unas carpetas, venía directamente del trabajo, normalmente se hacía masajes, era ejecutivo y tendía a estresarse, así que el Ayurveda le ayudaba mucho.
Quedó todo esparcido por el suelo y en su timidez se puso rojo como un tomate, Maitechu siempre tan resuelta le dijo: tranquilo ha sido culpa mía, yo te las recojo.
 -No faltaba más... esto... no tiene importancia... total ya me iba... solo pasé porque Gisela me dijo... esto... que me había dejado olvidado algo importante aunque no recuerdo haber extraviado nada -esto último lo dijo de carrerilla, eran demasiadas palabras seguidas.
Estaba tan nervioso que le sudaban las manos, aquella jovencita era demasiado lanzada para él, se había fijado que casi siempre se encontraban en la sala de espera y ella lo miraba fijamente, le gustaba estaba seguro, pero no se atrevía a decirle nada, tenía un problema y la cercanía de las mujeres no era lo mejor para su control.
Se siente idiota, no sabe porque pero se está excitando, lo que le faltaba, cuando se levante del suelo está seguro que se notará su deseo, un deseo casi doloroso, casi no, del todo, ya que no le cabe en los pantalones, no, no, no, piensa, hoy no, se dará cuenta y jamás podre mirarla a la cara, lo está mirando, están solos en el pasillo, si se incorporaba se notaría su problema y no podía quedarse eternamente en el suelo.
El sudor pegaba la camisa a su cuerpo, un cuerpo diez, bronceado de músculos torneados y una mirada cegadora, Maitechu estaba disfrutando de su bochorno, ella era así, le gustaba poner en dificultades a los hombres, pero con este quería otra cosa, ¿tanto iba a tardar en recoger dos papeles? pensaba ella malévola, quería ver esa camisa traslucida ya de sudor, y se relamía pensando en quitársela y en lo que haría con él. Yo en aquello no tuve nada que ver, aunque las cosas le estuviesen saliendo como ella quería.
Sebastián se puso en pie de un salto, quería huir antes de que fuese evidente su problema, por eso no quería estar con mujeres, siempre era lo mismo, aun no había mirado a una mujer y zas, ya había terminado, había visitado a todos los médicos y ninguno daba con la solución al problema.
Maitechu, intentando que la cosa fuese a más, le entregó los papales que había recogido del suelo y rozó sus manos, vigorosas y fuertes, masculinas a más no poder.
Sebastián, tragó saliva y quiso evadirse, pero Maitechu lo cogió y lo obligó a mirarla a los ojos, se había arreglado para la ocasión, se había dejado la melena suelta, llevaba un traje sastre con la falda muy corta y un blazer sin nada debajo, solo un minúsculo tanga, en los pies unas sandalias dejando ver una pedicura perfecta, por si el joven fuese fetichista.
La respiración de Sebastián cada vez era más agitada.
 -Me gustas mucho, lo sabías ¿verdad? -dijo Maitechu a bocajarro.
 -Lo siento... no... no se de que me hablas.
 -Bésame.
 -Tengo prisa -le dijo mirándola con esos ojazos que no le cabían en la cara.
 -Pues vayamos por faena.
En ese momento para él ya había terminado todo, bajó la mirada hasta sus pantalones viendo la prueba evidente, para ella también.
 -Te gusto, lo sabía, pero no sabía que tanto.
Ella intentaba no reír, pero la situación  le pareció tan cómica que no pudo más y empezó a convulsionar los hombros de la risa contenida.
 -Invítame a comer y te digo que hacer para solucionar este problemilla que tienes.
 -¿No estás enfadada?
 -¿Solo porque te has corrido simplemente con mirarme? no, estoy más bien halagada.
 -¿Cómo puedes estar tan segura de que me gustas? 
 -Porque he notado como me mirabas cada vez que estábamos juntos y apartabas la vista cuando yo te miraba.
 -No me gustan las mujeres, me pongo nervioso, estoy acostumbrado a tratar con hombres, somos menos complicados.
 -En tu casa o en la mía.
 -No me has escuchado, soy como habrás observado eyaculador precoz y no tengo remedio.
 -¡Claro que tienes remedio! No has encontrado la doctora adecuada.
En esas se abalanzó sobre él y lo besó, aspiró su perfume y se embriagó con él, Sebastián se dejaba hacer, en realidad si lo lograba sería la primera vez en sus veintinueve años que estaría con una mujer... solo pensarlo y estaba a punto de correrse de nuevo.
Maitechu lo arrastró hasta una cabina y empezó a sacarle la ropa.
 -Que pretendes, puede venir alguien.
 -No te preocupes, no hay horas dadas, las cogí yo todas, estamos solos.
 -¿Pretendes volverme loco? ¿tenías todo esto planeado?
 -Bueno no todo, lo que menos esperaba era que fueses virgen -le decía mientras su lengua se infiltraba en su boca cual serpiente, saqueando su interior.
La camilla era demasiado pequeña, así que acabaron en el suelo, con el ardor de la pasión recorriendo su cuerpo ya desnudo del todo, Sebastián se dejaba hacer, la inexperiencia, dio paso a un verdadero guerrero, esta vez su erección está controlada, no sabía como pero había logrado aguantar las caricias expertas de Maitechu, que él empezó a corresponder.
Maldita sea, lo que me he estado perdiendo por tanto correr, pensó.
Como yo no soy chismosa, a partir de ahora me plantearé cambiar de negocio, a partir de ahora, cambiaré la estética por una agencia matrimonial.

Teresa Mateo