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sábado, 26 de abril de 2014

Es importante escribir bien


Elena Poniatowska defiende la corrección en la escritura
«El que escribe bien, también piensa bien», ha dicho hoy en Madrid Elena Poniatowska, quien, desde que ha llegado a España para recibir el premio Cervantes —el pasado 23 de abril— no deja de conceder entrevistas y de participar en actos institucionales y culturales.
En el marco de estas actividades, la escritora mexicana ha asistido hoy a un desayuno informativo, organizado por Nueva Economía Fórum en el Casino de Madrid. José Manuel Blecua —director de la RAE y presidente de ASALE— ha sido el encargado de introducir ante el auditorio a la autora de «La piel del cielo».
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sábado, 19 de abril de 2014

El amor





El amor, esa dulce palabra que nos lleva sobre todo a las mujeres de cabeza. ¿Puedo yo vivir sin amor? Evidentemente sí, pero ¿quiero vivir sin él? Evidentemente tampoco.
Me gusta la novela romántica porque soy enamoradiza, sí, me enamoro de todos los personajes que leo, de los buenos y los no tan buenos, siempre me gusta encontrar el lado bueno de las personas, o en este caso de los personajes.
Uno de mis personajes favoritos, fue Jamie Fraser, el aguerrido escocés, noble y salvaje a la vez, inocente y pícaro, tenia todos los ingredientes para enamorar a cualquier mujer.
Y cómo no, siendo como soy, me enamoré de él en el primer renglón, caí rendida en sus redes, muy bien tejidas por cierto, por su creadora Diana Gabaldon.
Esos amores son los que llenan mi vida de pasión, me evaden de lo cotidiano para adentrarme en un mundo lleno de fantasías, no espero que en mi vida aparezca un Jamie Fraser, estoy casada con un hombre estupendo, pero no tiene la imaginación de los personajes de mis novelas.
He de decir que cuando empecé a sumergirme en el mundo de las letras, Diana fue un referente, su prosa detallada al máximo te adentra en la historia para pertenecer a ella, así es como me gusta que sean mis personajes, no estoy a la altura de ella, pero creo que si sigo en esto lo voy a conseguir, por eso para mi primer personaje escogí un hombre muy real, de carne y hueso, lo fui modelando como si de plastelina se tratase y lo amoldé a lo que necesitaba de él, Guy, un hombre que lo tenía todo, carecía del amor, desde que en un viaje cuando era casi un adolescente había conocido a una joven extranjera, después de aquello por muchas mujeres que le presentasen ninguna se le podía comparar y las comparaciones ya sabemos que son odiosas.
Para el personaje femenino, también escogí una mujer muy real, recopilé en un sola, unas cuantas conocidas y de ellas salió Meritxell, una mujer que aunque de jovencita había tenido muchas inseguridades, la vida se había encargado de hacerla fuerte, al igual que el protagonista masculino aquella había sido su primera salida al extranjero, allí conoció al joven en cuestión y aunque pensó que había sido solo una calentura, tampoco lo pudo olvidar.
Fueron dos personajes que me encantó recrear, desde la ternura de dos adolescentes hasta la madurez y la fuerza en que han de defender un amor en el otoño de la vida, porque en la vida no puedes dejar pasar una segunda oportunidad, quizás no se vuelva a repetir.
Aunque es una historia de amor, también lo es de amistad, muy importante para la pareja, tanto de un bando como del otro, los amigos luchan y defienden con garra a sus amigos y son capaces de dejarse la piel porque ellos se den cuenta de lo que están perdiendo.
En la vida como en las novelas, la amistad es muy importante, a veces incluso más que la familia, es por eso que en mis novelas los amigos son tan importantes como los protagonistas.
Porque no solo de amor vive una pareja, aunque a veces no necesite nada más.
Espero que os guste, como también me gustaría que me dejaseis algún comentario los que lo hayáis leído.
Gracias a todos los que me siguen y me animan a seguir adelante.
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domingo, 13 de abril de 2014

Me ha mirado un tuerto

ME HA MIRADO UN TUERTO

Domingo por la mañana, las seis menos cinco en el reloj, no es precisamente la hora en que me apetece levantarme, pero como la obligación es antes que la devoción, pues ahí estaba yo en pie y al pie del cañón, dispuesta como cada domingo que me toca trabajar.
Despierto a mi hijo, él me ayuda con el reparto de prensa cuando me toca a mí, preparo café, sin el café matutino no rollo, necesito mi chute diario para despertar y ser persona.
Después de todas estas rutinas, preparo bocadillos y salimos porque la hora se nos echa encima.
Un domingo a esas horas las calles están desiertas, lo único que se encuentra una, es algún chaval rezagado que vuelve de la discoteca o espera para entrar en un after.
Camino detrás de mi hijo, es joven y en dos zancadas llega, me pregunta que porque no había encerrado el coche en el parking la noche anterior, le digo que no tuve ganas, que todo el mundo está de puente y hay mucho sitio, con los años me vuelvo un poco gandula...
En ese momento mi hijo se para en seco.
 _ ¿Qué ocurre?
 _Mamá, te han querido robar el coche esta noche.
Llego hasta él y veo todos los cristales en el suelo, la guantera hecha pedazos, todos los compartimentos abiertos y las pocas pertenencias esparcidas entre los cristales rotos, y yo me pregunto: ¿qué esperan encontrar en un coche que está aparcado en la calle? ni que estuviese dentro del parking, como yo, imagino que los que aparcan en la calle no suelen dejar nada en su interior, sencillamente unas gafas de sol y una bayeta para limpiar los cristales cuando se empañan.
Hacer tanto destrozo y desbarajuste por unas gafas de sol me parece de una barbarie estúpida, pero me imagino que cuando se sale de copas y se vuelve con unas cuantas de más, pasan estas cosas, vandalismo gratuito, hacer daño por el simple gusto de hacerlo, no es por el cristal que al fin y al cabo lo pagará el seguro pero, ¿era necesario? me pregunto.
La respuesta es muy sencilla, mientras los jóvenes sigan sin tener valores en la vida y el botellón sea su máxima aspiración el fin de semana, seguirán pasando estas cosas, si me hubieran pedido las gafas y la bayeta se las habría regalado con mucho gusto, solo por no tener que pasar por los trámites tan engorrosos de las denuncias y partes al seguro, y, por supuesto porque necesito el coche para acudir a mi trabajo todos los días.
Saludos de una ciudadana cabreada.