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jueves, 31 de julio de 2014

Feliz aniversario

Feliz aniversario querida.
Fue la frase con que me despertó mi marido la mañana de nuestro aniversario de bodas. Son muchos años ya y claro está, la convivencia se vuelve algo monótona si no se le pone un puntito de sal. Así que me quedé sonriendo pensativa y esperando que la felicitación no se quedase en la simple frase hecha.
Mi sorpresa fue mayúscula cuando me invitó a levantarme aduciendo que teníamos que hacer muchas cosas aquel día.
Seguimos con más sorpresas, una limusina me esperaba en la puerta de casa para llevarme a la peluquería, el salón de belleza y a comprar un hermoso vestido para la cena. Dios mío ¿qué era todo aquello? Mi marido se había vuelto loco, esta vez sí íbamos a celebrar un autentico aniversario. 
No contento con todo esto, a la hora de la cena un avión privado nos esperaba para ir a cenar a París. Mi querido marido había llegado antes para sorprenderme en el hangar con un enorme ramo de rosas. Fragantes y delicadas rosas de un terciopelo granate embriagador.
Fuimos a un restaurante que previamente había hecho cerrar para la ocasión. El chef, uno de los mejores en este momento, se avino a cocinar solamente para nosotros. Estaba alucinada, no era capaz de cerrar los ojos, aquello era algo tan inesperado en mi marido, que estaba emocionada Él que nunca había sido especialmente detallista conmigo, esta vez se había descolgado con todo el repertorio.
Después de la cena, había reservado una habitación de hotel. La suite en cuestión daba al centro mismo de París, completamente iluminada y hermosamente vestida de un manto de hojas secas, tan otoñales como nuestra edad. Por eso era tan sorpresivo todo aquello, por fin se daba cuenta mi señor esposo que la relación se tiene que cuidar, que no todo es amasar una fortuna y dejar que la esposa se pase el día en el club o haciendo obras de caridad.
A pesar de no carecer de nada, me faltaba todo y por fin mis ruegos habían sido escuchados.
Mi marido se había volcado en hacer realidad un sueño romántico para mí... adorable.

Adorable, hasta que llegué a casa. Mi marido me acompañó hasta la puerta y una vez allí se despidió con un escueto beso. La sorpresa estaba en la mesilla del recibidor... En forma de notificación... En el recibidor me esperaba una demanda de divorcio.
Al día siguiente de nuestro divorcio se casaba con su mejor amigo.
Teresa Mateo