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lunes, 5 de octubre de 2015

El sobre

Llevaba esperando una respuesta desde hacía una semana, se habían dado un tiempo, según él, para reflexionar sobre su extraña relación. 
Desde sus últimas palabras, ella se dio cuenta que había metido la pata, o no, cuando  se habla con el corazón no se tiene miedo a decir lo que se siente, hasta que sientes que la otra persona no siente lo mismo que tú.
Toda un larga y angustiosa semana, sin una mínima señal de su existencia, una interminable semana, una semana esperando una señal de que por él las cosas iban a continuar igual, pero parecía ser que no, ya nada sería igual.
Ella se dio cuenta en el momento de decirlo, no se podía decir a un hombre que eres controladora, aunque no lo dijera en el sentido que él lo tomó. Ella sencillamente necesitaba controlar su vida, para nada quería controlar la de él, para eso estaba su esposa, y si ella no lo hacía ¿qué podía controlar una amante? ella solo era eso, su amante, y como tal ya le estaba bien, pero los hombres son tan simples que ese pequeño comentario lo asustó, él podía hablar de cualquier cosa, por eso ella lo adoraba, adoraba aquellas largas pláticas en que podían tratar cualquier tema de actualidad, desde religión a política pasando por el tiempo y qué decir cuando sus conversaciones elevaban en bastantes grados la temperatura, pero nunca se permitía hablar de futuro y ella estaba de acuerdo, ella no quería ni podía cambiar su vida más allá de aquel escarceo.
Que se viniera abajo por un simple comentario lo había bajado del pedestal en el que ella lo había subido. De todos era sabido que en toda relación hay un componente de idolatría, sobre todo, cuando es a una edad madura en que se es capaz de controlar las mariposas que revolotean en el estómago.
Aquella mañana llegó un sobre a su nombre, ni siquiera fue capaz de dar la cara, envió un puñetero sobre.
Lo abrió con las manos temblorosas, y, aunque suponía que sabía su contenido, un rayito de esperanza y alguna que otra mariposa querían revolotear en el vacío estómago de ella, revolotead despacio queridas mariposas, este amor se muere y con él, vosotras también moriréis, les comunicó con pesar.
Nada, el sobre estaba vacío, no había carta alguna en su interior ¿Qué significaba aquello? ¿Ni siquiera era merecedora de una explicación?.
Teresa Mateo