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martes, 1 de marzo de 2016

DESTINO: GRANADA

Queridos lectores, ya está a la venta mi tercera novela DESTINO: GRANADA
Espero que tenga la misma aceptación que las anteriores.
Os dejo una pequeña sinopsis y os presento a los protagonistas.
Kate Cameron.
Protagonista femenina, una mujer escocesa, ya no tan joven que está desencantada del amor. A sus 39 años y después de el último fracaso se dedica a cuidar de sus sobrinos, hasta que se cansa y decide darse una oportunidad a ella misma, quiere hacer un viaje, siempre adoró Granada, ella estudió historia del arte, especializándose en arte nazarí. 
Estaba decidida, se iría a Granada y pondría en orden su caos, intentaría empezar de cero.
Sebastián Suárez.
Protagonista masculino, un joven taxista colombiano, que guarda algún que otro secreto.
ha renunciado a la fortuna de su padre y se ha hecho a sí mismo.
Criado por el servicio, se dedicaba a seducir a cuanta mujer caía en sus manos, pero sin enamorarse de ninguna, todas eran demasiado superficiales para él.
Pensaba que todas eran como su madre, superficial y frívola, que no dudó en abandonarlo cuando era un niño, desde entonces desconfiaba de todas las mujeres.

Prólogo:





-¿Qué te vas a dónde?
—Te has enterado perfectamente, me voy una temporada a Granada.
—Definitivamente te has vuelto loca. —Se ofendió Griselle, su hermana mayor.
 —Sabes que no, estoy cansada de hacer siempre lo que se espera de mí. No me habéis dejado tener vida propia y ahora necesito ser alguien, necesito hacer algo por mí.
—Ya eres alguien, deja de decir sandeces.
—Sabes muy bien que no son sandeces y no voy a cambiar de opinión. En cuanto tenga el pasaje me voy una larga temporada. Dejaré de ser el blanco donde descargan tus amistades sus burlas. O ¿creías que no me daba cuenta de los comentarios? “Pobrecita, se ha quedado para vestir santos”. O, “Claro, es tan sosa, con esas pecas y ese pelo color zanahoria”. “¿Quién se va a casar con ella?” Y vosotras, que se supone que sois mis hermanas, acolitando y riendo las gracietas de vuestras amistades. Pues eso se acabó, he tomado una determinación y pienso cumplirla.
—Si no te has casado, es porque no has querido —la cortó tajante.
—Si no me he casado, es porque no me habéis dejado —replicó Kate—. Siempre que me fijé en algún hombre, lo espantabais Anastacia y tú, diciéndole sabe Dios qué. Solo estabais esperando que escogiera a vuestro candidato, y ni muerta me casaría con ese sinvergüenza.
—No, a ti te pretendía el príncipe Carlos. ¡Espera, no! Tu tenías que haberte casado con el rey Felipe, así vivirías en España, ya que tanto te gusta —su sarcasmo destilaba crueldad.
—A lo mejor, si no hubiese estado ocupada criando a vuestros hijos, lo habría hecho.
—Dijo esto último apretando los dientes, por no sacar trapos más sucios que aquellos, (que los había). No creyó conveniente en aquel momento decir nada más. Subió corriendo las escaleras que llevaban a su habitación y en media hora tenía hecho el equipaje.
De eso hacía como quince días, quince días en que todo el mundo se negaba a creer que fuese capaz de realizar su propósito.
Y ahora estaba allí, sentada en un banco; en un país extraño, con un idioma extraño, rodeada de extraños, sin saber qué hacer... y muerta de frío. Cuando llegó le pareció una temperatura estupenda, pero a medida que se echaba la tarde encima, la temperatura había descendido considerablemente. En ese momento tenía un frío insoportable, y no era solo que hiciera demasiado fresco, es que además lloviznaba y la humedad le calaba los huesos. Los nervios también contribuían al malestar que sentía, la hacían tiritar, además la ropa que llevaba era demasiado fina para aquel clima.

¿Cómo había llegado a esto? ¿Qué había pasado para que todo le saliese tan rematadamente mal? Se preguntaba.