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jueves, 24 de diciembre de 2015

Solitaria navidad

Estaba sola. Bueno no era exacta esa afirmación, en realidad tenía una familia, un marido, unos hijos, unos padres, unos suegros y así podía seguiría enumerando la enorme familia que eran, pero no por ello dejaba de sentirse sola.
Había llegado a un punto en que prefería la soledad que estar rodeada de tanta gente con la que, en la mayoría de los casos, no tenía nada en común, pasaría la nochebuena en casa de unos, la navidad en casa de otros, incluso un día le tocaría a ella preparar los fastos para toda aquella horda de personas ruidosas y a veces incluso un poquito ordinarias. Ya se sabía eran fechas de comer y beber y aunque suene a tópico es lo que se hace en dichas reuniones obligados por la tradición, como obligado por la tradición era muchas veces acabar con algún disgusto. Cuando se bebe demasiado cualquier inocente comentario puede encender la bombilla en el cerebro y hacer que las piezas de un puzzle encajen convenientemente o hacer saltar la chispa que enciende la mecha de una discusión, discusión que tarda un año en olvidarse, si, justo hasta la cena de la nochebuena siguiente.
Por eso a ella cada vez le disgustaban más aquellas reuniones, ella era la rara de la familia, la bohemia, la que era incapaz de incordiar a nadie con un mal comentario, por muy molesta que se sintiera, ella era así, aunque se estuviese rompiendo por dentro, nunca enojaría a nadie por sentir una inconveniencia.
Por eso se sentía tan sola, sabía que lo estaba perdiendo, sabía que otra ocupaba su corazón y sabía que aquellas navidades las pasarían juntos, como siempre, aunque a lo mejor sería la última, y nadie notaría nada, porque él sabía muy bien ocultar sus emociones, pero ella lo notaba, era otra persona la que convivía con ella. Aunque él para nada había cambiado sus hábitos, su horario era incluso más estricto que antes, pero ella era mujer y sabía que había otra. 
Qué paradoja, de pronto se había vuelto más cariñoso con ella, volvía a casa en cuanto acababa la jornada, se mostraba más atento incluso que de costumbre y ella lo aceptaba, aceptaba las migajas de su amor compartido, aunque fuese en un día como aquel, aunque fuese en una bulliciosamente solitaria y triste navidad.
¿Por qué lo sabía? no, no había llamadas indiscretas, no había mensajes, ni cartas, es más, ni siquiera tenía un móvil de última generación, ¿su excusa? solo lo necesitaba para hablar, sabía muy bien que un Whatsapp podía ser una amenaza a su nueva relación, de ese modo no cabía indiscreción posible, así que no había nada de nada... pero lo sabía porque él, por primera vez en mucho tiempo, era feliz.
Teresa Mateo




jueves, 10 de diciembre de 2015

La llave

Al llegar a casa encontró un llave debajo del felpudo de la entrada. Al pronto se quedó extrañada, ¿quién habría dejado allí aquella llave? 
No encontraba ningún sentido, lo único que se le ocurría era que alguien se había confundido y la había dejado por error. La cogió y la guardó, esperando comentarlo con alguna vecina por si la habían perdido y se la pusieron a ella por equivocación.
Petra siguió con su vida sin volver a pensar en aquel tonto incidente, hasta que a los dos días encontró en el buzón un pequeño sobre en que le decía alguien que, por favor, entregase la llave en una dirección concreta. "Tanto misterio por una tonta llave", pensó. Aunque no se quedó demasiado tranquila, si sabían que estaba allí la llave ¿por qué no se la pedían directamente y ya estaba? Con la de cosas que tenía ella que organizar y solo faltaban dos días para navidad.
Durante esos días estuvo acelerada a tope; compra de regalos; comida para la familia que se reunía en su casa el día de San Esteban, y, aunque estaba separada y sola, la tradición no la había perdido, ese día incluso su ex estaba invitado. 
Después de casi tres años separados seguía tan enamorada como el primer día, y, tan extrañada como el día que él le dijo que se marchaba de casa, que aquello no funcionaba, todavía seguía sin entender el motivo. No era otra mujer, no era por que ella lo agobiase, sencillamente, le dijo que él no la quería como ella a él. Casi se resignó, pero solo casi.
El día veinticuatro, día en que tenía que entregar la llave en la extraña dirección, amaneció nevando copiosamente, le daba un palo tremendo tener que ir a la otra punta de la ciudad con aquella nevada y aquel frío. La carretera estaba colapsada y cada vez se ponía más nerviosa, en aquel momento se sentía insegura, no sabía si hacía bien yendo a un lugar desconocido. Hasta aquel momento no había pensado que pudiera ser una trampa o algo por el estilo, ¿y si era un maníaco?, ¿y si era un engaño para hacerle algún mal? 
Ya que estaba llegando no iba a volver atrás, pensó, pero iría con cuidado, eso sí. Llamaría y le diría a quién fuese que bajase a buscarla o quizá la depositaría en el buzón. Sí, eso haría, la dejaría en el buzón y que bajasen a buscarla, se iba diciendo todo el camino.
Llegó a la dirección indicada y todo lo que había pensado se quedó en agua de borrajas, era un bloque antiguo que ni siquiera tenía interfono para avisar que estaba allí. ¡Se podía tener más mala suerte! ¡si ni siquiera había buzones! le tocaría subir y se maldecía por ser tan sumamente correcta, no podía dejar de hacer lo que le pedían por descabellado que fuese el encargo; que lo era.
Se encomendó a Dios y a todos los Santos y se dispuso a entregar la dichosa llave a su destinatario. Al llegar a la puerta indicada se llevó otra sorpresa, estaba abierta, tan solo entornada, pero sin ningún tipo de pestillo o cerradura. ¿Qué hacer? de nuevo el dilema, entrar sería un allanamiento, vamos lo que le faltaba, que encima la denunciasen por entrar en una casa que no era suya, su cabeza no paraba de elucubrar hipótesis.
  -¿Hay alguien? -llamó con timidez.
Empujó un poquitín la puerta por si no la habían oído y volvió a llamar, esta vez un poco más fuerte. Nada, no parecía haber nadie. Aquello era el colmo. Hacerla ir hasta allí para eso, no había derecho.
Buscó un papel en el bolso, menos mal que era de costumbres anticuadas y le gustaban las agendas de papel, con una electrónica no habría podido, y escribió una nota.
Estaba a punto de dejar la llave envuelta en la nota cuando la puerta se abrió de golpe. Casi le da un infarto.
De pronto se encendió la luz de la entrada, una luz tenue y mortecina. Petra pensó que saldría alguien, pero no, en el suelo brilló una flecha que le indicaba que entrase con su nombre.
Entró con más miedo que vergüenza, a medida que avanzaba se iluminaban unas flechas en el suelo idénticas a la primera. Las siguió con paso inseguro y aterrada al mismo tiempo por su osadía, con lo cobarde que era, cómo era posible que estuviese haciendo aquello, pero la intriga estaba ganando al miedo y ella siguió caminando.
Al final de las flechas se encontró una puerta de vidrio cuyos tiradores estaban anudados con un lazo rojo. El corazón estaba a punto de estallarle, pero la curiosidad pudo con su escepticismo y su miedo. Deshizo la lazada y con temblor en las manos empujó las puertas. Jamás pensó encontrar lo que allí había.
El salón estaba decorado con todo lujo de detalles navideños y la mesa puesta para dos comensales. El árbol se encendió al momento justo que ella puso sus ojos encima. La chimenea prendió en aquel mismo instante y a la luz del fuego vio su regalo de navidad.
Una enorme caja envuelta con un vistoso papel dorado, con un enorme lazo y un letrero con su nombre que decía: ábreme.
Con mano temblorosa la abrió, dentro estaba su ex marido completamente desnudo y con otro lazo rojo envolviendo su miembro erecto y con un cartelito en las manos que decía: No puedo vivir sin ti, lo siento, me equivoqué.
Petra no podía creerlo, del ataque de risa casi se ahoga, pero se colgó de su cuello pensando que aquellas iban a ser las mejores navidades de su vida.
Teresa Mateo





jueves, 12 de noviembre de 2015

La maldición

Estaba finalizando el año, y no había sido un buen año. Estaba decepcionada, con el mundo, con la cruel realidad, con ella misma.
Necesitaba un cambio drástico en su vida, pero cada vez que lo intentaba había algo que lo impedía, era como una maldición que la obligaba a seguir igual. Cuando no era por falta de trabajo, era por exceso. Cuando tuvo amor no tenía tiempo, ahora que lo había perdido lo buscaba en todos los hombres que se le acercaban.
El problema llegaba cuando querían ir más allá, ella estaba dolida, y necesitaba tiempo. Un tiempo escaso y a la vez generoso. Estaba en esa edad en que no importa decir lo que se piensa y a veces no hace falta pensar mucho lo que se dice, más que nada, porque a lo mejor si piensas mucho las cosas, no las dices.
Llegados a este punto había conocido a alguien, no, no era el amor de su vida, estaba segura de ello, pero congeniaban tan bien que no le importaba involucrarse cada vez más en su vida. Una vida de mujer separada, ¡y con nietos!, pero que se sentía joven, muy joven interiormente, le gustaba su sesión de baile de los jueves, peluquería los viernes, estética una vez al mes, etc. Trabajar de comercial era lo que tenía, siempre había que estar "puesta" y aunque ahora aquello de presentarse ante los clientes en tejanos ya no estaba mal visto, ella seguía fiel a sus costumbres.
Siempre había sido muy activa, en todos los ámbitos de su vida, y el divorcio llegó precisamente por eso, ella seguía sintiéndose joven, con ilusiones renovadas cada día, pero su ex cada día parecía mayor, ejercía de señor mayor antes de serlo, habían ido divergiendo poco a poco hasta llegar a ser dos extraños.
Fue una separación traumática, dolorosa. Ella seguía amando a su marido pero él no era capaz de seguirla, prefirió perderla antes que buscar la manera de intentarlo por mucho que el consejero matrimonial al que habían acudido lo intentase. 
Y ahora ella estaba saliendo con el consejero, y sabía que no iba a ser para siempre, pero bailaba como Jhon Travolta en Fiebre del sábado noche, la llevaba al cielo cada vez que hacían el amor. Antes de abrir la boca ya le había concedido su más mínimo deseo. Las mejores salas de baile, los mejores teatros, los mejores restaurantes eran como su segunda casa, pero no, no era el hombre de su vida, y lo sabía, pero parecía haber roto su "bendita" maldición.
Teresa Mateo


martes, 3 de noviembre de 2015

El lápiz mágico

  -Nunca te he obligado a bajarte las bragas...
Con este mensaje se desayunó Clio cuando le dijo a Cimón que lo suyo no podía seguir así. 
Se habían conocido casi un año atrás en una web de contactos, al principio el feeling fue bestial. Aunque ella era reacia a esas webs lo cierto es que estaba cansada de estar sola y una buena amiga le dijo que no perdía nada por probar, solo hablar y si se terciaba, tomar un café o una copa. Había chateado con un par de tíos bastante divertidos pero no eran lo que ella buscaba, eran bastante jóvenes e inmaduros y querían lo que querían, ella sin embargo quería algo duradero, no un polvo de una noche. Ella quería un hombre, a poder ser culto y con una buena conversación, y en Cimón pareció encontrarlo.
Cimón apareció de pronto, y, aunque no era su tipo, a ella le gustaban los hombres de anuncio de gimnasio, Cimón no era demasiado alto y le empezaba a ralear el cabello pero lo compensaba con trajes que le sentaban como un guante y una elegancia bastante natural, así que pensó que le daría una oportunidad. Hablaron un par de veces y le pareció que colmaba sus expectativas, era separado, sin hijos, igual que ella, por lo tanto, no había el problema de los ex a la hora de te toca-me toca, por ahí empezaron a entenderse y sin pensarlo el primer día que se encontraron para conocerse mejor y tomar un café, acabaron en la cama. No era lo que ella tenía pensado pero, que caray, con sus treinta y nueve años cumplidos no tenía por qué dar explicaciones a nadie, era una mujer independiente y si le apetecía echar un polvo (y qué polvo) pues bien echado estaba.
Al principio todo iba como la seda, escapadas de fin de semana, cenas románticas. A él le gustaba alardear de su posición y Clio empezó a darse cuenta que lo que él buscaba era una chica mona y tonta que a todo dijese amén, y ella era mona, pero de tonta no tenía un pelo.
El problema vino después, cuando él se dio cuenta de que ella podía pensar por sí misma y que había veces en los que no estaba de acuerdo con sus comentarios que empezaban a ser groseros y machistas. Las últimas veces que habían quedado, siempre fue en casa de él. Cimón la llamaba y ella era la que tenía que ir donde él estuviese, las primeras veces pensó que estaba cansado del trabajo, aunque lo que hacía tampoco mataba. Cimón era director de una sucursal de banca dedicada exclusivamente a empresas. Llegaba, la desnudaba, le echaba el polvo y la mandaba para casa. Las primeras veces Clio pensó que era ella la que no se quedaba porque no se sentía cómoda en una cama que no era la suya, era la excusa que le daba su corazón, para no ver lo egoísta que estaba siendo con ella. La única vez que se quedó había pasado la noche sin rozarla siquiera y en vez de hacerle el amor pasó la velada viendo un partido de fútbol, supuso que sería importante, le dijo con sorna sin que él le prestase atención, Clio estaba segura que ni siquiera la oyó.
Poco a poco los encuentros fueron más esporádicos. Clio lo llamó un par de veces, y él, encantado dijo que sí, que tenía ganas de verla, que la echaba de menos.
  -Paso a recogerte a la salida del trabajo -le dijo una noche.
Llevaba más de media hora esperándolo cuando sonó el whatssap.
  -Culogordo, lo siento, me ha llamado mi madre con una urgencia y no puedo recogerte, mañana te digo algo.
  -Está bien, mañana nos vemos -contestó ella molesta consigo misma, como siempre, y no solo por el plantón, no soportaba que la llamara así, si algo tenía ella era tipo de modelo, ni le faltaba ni le sobraba nada. Empezaba a cuestionarse qué fue lo que le había gustado de aquel tipo, Bueno, al principio fueron sus batallitas, siempre tenía una anécdota divertida que contar, lo que le molestaba era que se sintiese tan superior, él era más inteligente que nadie, él ganaba más dinero que ninguno de sus compañeros, él, siempre él, su ego no la dejaba ni tan siquiera comentar algo que le hubiese pasado a ella, sencillamente lo suyo carecía de importancia.
Después de aquel desplante quedaron unas cuantas veces más, siempre cuando él quería, cuando era ella la que tenía ganas de quedar, él siempre tenía una excusa. Clio cada día estaba más desencantada de Cimón, máxime cuando había días que la dejaba marcharse a su casa, después del correspondiente polvo, a las tres de la madrugada, con viento, lluvia, frío o lo que fuese. 
Después de tantos meses esperando que mejorase la relación, ella creyó que había llegado el momento de hablar claro y que le dijese qué pensamientos tenía con ella, o se definía y daban un paso adelante en la relación, o aquello se acababa.
Él solía salirse por la tangente, todo excusas, y al final, malas palabras. Clio estaba decidida a acabar con aquella situación que la estaba intoxicando. Durante unos días dejó de mandarle los mensajes de buenos días que cada mañana le enviaba al Whatssap, ya que su frase favorita era: Hola, fea, o Buenos días, culogordo, sabiendo cuánto le molestaba a ella por mucho que él dijese que era en plan cariñoso.
Cimón notó que ella se estaba enfriado y empezó a ser él el primero en enviar los mensajitos. Clio no sabía cómo tomarse aquello. Cuando se mostraba cariñosa, él pasaba de ella. Cuando ella intentaba cortar la relación, él parecía tener más ganas que nunca de seguir.
Clio no podía más, aquello le estaba haciendo mucho daño, ella era una mujer joven, culta y con una buena profesión, no tenía que depender de ningún gilipollas para vivir y se sentía utilizada, peor aún, se sentía menospreciada. Ella que siempre había sabido valorarse, ahora estaba empezando a dejarse atrapar en su red. Sabía por su profesión (trabajaba en un centro médico) que era una relación tóxica, que debía terminar cuanto antes, pero le era imposible, en cuanto él chasqueaba los dedos, ella volvía a su lado, para llegar a su casa y maldecirse por no ser capaz de atajar una situación que se estaba convirtiendo en un problema para su estabilidad emocional. Estaba llegando al límite.
La última vez que estuvo en su casa se había dejado olvidada una chaqueta, iría a buscarla y le diría que aquello había terminado, pensó, le diría que ella no se sentía cómoda en aquella relación y que le gustaría que quedasen como amigos, ya que de ahí no parecía que fuesen a pasar.
  -Cimón, me he dejado una chaqueta en tu casa, pasaré a buscarla mañana por la mañana dime si vas a estar, gracias. -Fue el mensaje de whatssap que le envió.
  -Ven esta noche, mañana no voy a estar... y ahora mismo me está creciendo.
  -¿Qué te crece?, ¿el flequillo? -contestó ella a su grosería.
  -Ya sabes lo que me crece, la polla cuando me la besas.
  -Pues eso se acabó, eres un grosero, esta es la última que te aguanto.
  -¿Eres tonta? te digo que me pones un montón y me saltas con esas ¿es qué no sabes leer?
  -Tengo un grado superior, entiendo perfectamente y sé leer entre lineas.
Clio desconectó el móvil, aquello le pareció excesivo, ¿qué pretendía ahora? Se sentía tan mal, nunca debió llegar tan lejos con alguien así, se dijo, a la vez que se moría de ganas por estar entre sus brazos. De pronto se dio cuenta que ella sola no sería capaz de salir de aquella encrucijada, hablaría con una de las psicólogas del centro en el que trabajaba, necesitaba ayuda urgente, no podía seguir así.
Se fue a la cama y al levantarse encontró un mensaje y una llamada perdida.
De pronto le entró otro mensaje de él diciéndole que lo que él quería era una mujer dulce y sensible y que ella no lo era, aquello era el colmo, cuando ni siquiera una sola vez le había pedido que se quedase o le había ofrecido en su casa ni una triste copa. Clio estaba cada vez más cabreada, aquello no podía ser cierto.
  -¿Hablas de sensibilidad? -le mensajeó- cuando eres la persona más fría e insensible que conozco, cuando si yo no empezaba no eras capaz de darme ni un beso, siempre he tenido que empezar las caricias, ahora me doy cuenta que me has tenido de retén, creo que ni siquiera te gusto, ¿sabes cuantas veces me he ido llorando de tu casa? no hables de sensibilidad y menos de ternura cuando has sido despiadado conmigo.
   -Pensaba que solo éramos follamigos, creí que estaba claro -se despidió Cimón.
  -Perdona, tengo más clase que todo eso, no soy la follamiga de nadie y menos de nadie tan vulgar como tú. Te creí un caballero, pero en el fondo no eres más que un vulgar sabelotodo.
  -No es culpa mía si te relacionas con gentuza -fue el colofón de Cimón en respuesta a Clio.
  -Desde luego que no, es la primera vez que me encuentro con uno. A partir de ahora sabré distinguirlos.
Al momento de enviar los mensajes la llamó al móvil, hasta tres veces sin que ella descolgara.
Aquella mañana no pudo ir a trabajar, le dio un ataque de ansiedad, cuánto desperdicio de cariño en alguien que lo único que buscaba era tener donde meterla cuando le fallaba la de agenda, lección aprendida, Clio, se dijo a sí misma.
Cuánto hubiera dado Clio en aquel momento por tener un lápiz mágico y borrar ese año de su vida.
Teresa Mateo






  

jueves, 29 de octubre de 2015

Un día cualquiera

Se levantó más temprano de lo normal, quería tener todo a punto para su aniversario, medio siglo ya de vida y treinta de casados. Le hacía ilusión, que tontería, pensaba, pero ella era así, siempre atenta a las fechas señaladas, siempre pensando en lo que a ellos les podría hacer más felices, aunque ese día el aniversario fuese el suyo.
Hizo lo que cada mañana al levantarse, lo primero la cocina, preparar la comida del mediodía, siempre empezaba por ahí, después lo que diera tiempo ya que trabajaba todo el día fuera de casa, Daba igual si se encontraba bien o mal, ella se levantaba siempre temprano, ya que sus rodillas exigían un "precalentamiento" y de vez en cuando se tenía que sentar y darles un respiro hasta que se acababan de "engrasar" que decía ella.
Después de hacer lo de cada día empezó a preparar la fiesta de su aniversario, llevaban treinta años casados ya, se decía pronto, además coincidía con su cumpleaños y nunca en treinta años se les ocurrió regalarle una tarta con las velas encendidas y a punto de soplar, algo que siempre dijo que le hubiese gustado. Siempre se quedó en el hubiese, el gusto nunca llegó.  Tampoco es que hubiesen sido un matrimonio perfecto, últimamente se soportaban y eso era mucho. De pronto apareció su marido por la cocina. ¿Qué haces? le preguntó. Ella contestó enseñándole los preparativos que tenía listos para la cena de aquella noche ya que había invitado a sus hijos con sus parejas, entonces cómo se le hacía tarde y ella de momento tenía que trabajar fuera de casa, con la pensión de parado de su marido no les alcanzaba para pasar el mes, le dijo por enésima vez que le haría especial ilusión que alguno de ellos se presentase con una hermosa tarta decorada con las cincuenta velas, era algo que secretamente esperaba cada vez que cumplía años y nunca llegaba. Aquella mañana su marido parecía que estaba de buen humor y se atrevió a pedírselo... ya que nunca le regalaba nada...
No le hizo el menor caso, ni siquiera se molestó en decir que no lo iba a hacer, ella en su fuero interno pensó que aquella vez le daría la sorpresa, aquella vez era algo más especial, volvían a estar solos en casa, los hijos se habían emancipado y ella se había propuesto encender una chispa a su aburrido matrimonio.
Llegó la hora de la cena y no apareció la tan ansiada tarta, ni siquiera un beso, el único regalo fue el que les hicieron los hijos, un pack de esos de moda para pasar un fin de semana en un Spa... Bueno, igual era el empujón que ella estaba buscando para reactivar la escasa vida sexual con la que su marido de vez en cuando la "premiaba".
  -Menuda mariconada de regalo que te han hecho tus hijos -dijo el marido una vez a solas.
  -Pues a mí me ha hecho ilusión, qué día te parece que podremos ir -preguntó ella ilusionada.
  -Cómo no vayas tu sola, conmigo no cuentes. Yo prefiero estar tumbado en el sofá de mi casa antes que en esas camillas que sabe dios quién habrá pasado por ellas.
Ante aquella elocuencia la esposa calló, por la mañana llamaría a sus hijos y les diría que devolviesen el regalo o lo usasen ellos, que su padre no quería ir.
Se acostó esperando por lo menos alguna caricia o ¿por qué no? esperaba que aunque solo fuese para celebrar la primera vez que estuvieron juntos (La noche de bodas) su marido se comportaría como aquella noche por lo menos... toda la noche se la pasó esperando, toda la noche con la temperatura quemándole la piel y mojándose las ganas.
Por la mañana, se levantó como cualquier otro día, con las mismas ganas y con las mismas insatisfacciones de cada noche desde hacía ya unos cuantos años.
  -Gracias por mi regalo de aniversario -dijo irónica al marido.
 -¿Qué regalo querías que te hiciera? ya sabes que no tengo un duro -contestó el marido haciendo alusión a que ella se quejaba de la escasa paga que aportaba a la economía doméstica.
  -Hay regalos que no cuestan dinero.
No creyó que supiera de qué le estaba hablando.
Teresa Mateo
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jueves, 22 de octubre de 2015

Un mal día

El día había comenzado mal, llegó una hora tarde por culpa de la caravana y cuarenta y cinco minutos más buscando aparcamiento. En aquella zona había días que era verdaderamente un milagro encontrar un hueco donde dejar el coche. Las prisas por adelantar lo atrasado le hicieron coger un tremendo dolor de cabeza y para rematar al salir a comer se encuentra el regalito, el coche se lo había llevado la grúa ¿había algo más que le pudiera salir mal? ella creía que no. El karma la había abandonado.
El mal humor no era solo por la negrura de su aura, su "amigo con derecho a roce" hacía más de una semana que no le enviaba ni un triste hola. Llevaba días diciéndole que la compensaría por su falta de atenciones, que estaba hasta arriba de trabajo y todo eso. Todo eso que a oídos de una mujer suena a excusa. Desde luego su vida no podía ser más triste, hasta las moscas tenían más vida sexual que ella.
De pronto sonó su móvil, se puso tensa, ¿qué nueva mala noticia llegaría ahora? No, por primera vez aquel día la noticia tenía buena pinta.
  -Hola, reina.
  -Hola.
  -¿Qué tal estás, preciosa?
  -Pues no muy bien, estoy comiendo chocolate...
  -Mmmhhhh, ¿Qué problema tiene mi cielo?
  -Tu cielo no lo sé, pero yo soy la persona más desgraciada del mundo.
Él sabía que cuando ella se tiraba al chocolate su estado de ánimo estaba por los suelos, así que la instó a desahogarse, que sacara la rabia contenida, era la mejor forma que tenía de calmarla. Cuando lo puso más o menos al tanto de todo se sumió en el silencio.
  -Qué sugieres -aventuró él de pronto.
  -No entiendo, qué tengo que sugerir, estoy un poquito espesa esta tarde.
  -Bueno, pues no sugieras -dijo él conciliador.
  -Dime algo divertido, a ver si se me pasa el mal humor -pidió ella.
  -Que te tengo ganas, ¿te parece bastante divertido?
  -Con lo abandonada que me tienes, ¿qué se supone que debo contestar a eso?
  -Pues lo que te de la gana.
  -Lo que me de la gana. O ¿qué también te tengo ganas?
  -Si coincide con lo que te de la gana...
  -Coincide, coincide.
  -La vida es bella jajaja.
  -Solo a ratos -contestó ella algo negativa todavía.
  -Cariño, te tengo que dejar, un beso.
  -Un beso -contestó ella malhumorada de nuevo.
Para esto mejor que no me hubiese dicho nada, pensaba. Necesitaba de sus caricias, de sus besos y abrazos, necesitaba tenerlo dentro de ella, necesitaba todo de él, aunque fuese por un rato y aquello estaba complicado, no solo por su trabajo que lo absorbía todo el día, también tenía una familia a la que no quería renunciar, y aunque a ella la quería mucho nunca le fue con mentiras, siempre habló claro cuando le propuso ser su amante, él necesitaba más sexo del que tenía en casa, pero... como siempre había un pero. Y ella con pero y todo, aceptó.
Había pasado media hora desde la conversación cuando sonó el timbre.
Allí estaba él, con una caja de Ferrero Rocher en una mano y un abrazo en la otra.
Teresa Mateo




lunes, 5 de octubre de 2015

El sobre

Llevaba esperando una respuesta desde hacía una semana, se habían dado un tiempo, según él, para reflexionar sobre su extraña relación. 
Desde sus últimas palabras, ella se dio cuenta que había metido la pata, o no, cuando  se habla con el corazón no se tiene miedo a decir lo que se siente, hasta que sientes que la otra persona no siente lo mismo que tú.
Toda un larga y angustiosa semana, sin una mínima señal de su existencia, una interminable semana, una semana esperando una señal de que por él las cosas iban a continuar igual, pero parecía ser que no, ya nada sería igual.
Ella se dio cuenta en el momento de decirlo, no se podía decir a un hombre que eres controladora, aunque no lo dijera en el sentido que él lo tomó. Ella sencillamente necesitaba controlar su vida, para nada quería controlar la de él, para eso estaba su esposa, y si ella no lo hacía ¿qué podía controlar una amante? ella solo era eso, su amante, y como tal ya le estaba bien, pero los hombres son tan simples que ese pequeño comentario lo asustó, él podía hablar de cualquier cosa, por eso ella lo adoraba, adoraba aquellas largas pláticas en que podían tratar cualquier tema de actualidad, desde religión a política pasando por el tiempo y qué decir cuando sus conversaciones elevaban en bastantes grados la temperatura, pero nunca se permitía hablar de futuro y ella estaba de acuerdo, ella no quería ni podía cambiar su vida más allá de aquel escarceo.
Que se viniera abajo por un simple comentario lo había bajado del pedestal en el que ella lo había subido. De todos era sabido que en toda relación hay un componente de idolatría, sobre todo, cuando es a una edad madura en que se es capaz de controlar las mariposas que revolotean en el estómago.
Aquella mañana llegó un sobre a su nombre, ni siquiera fue capaz de dar la cara, envió un puñetero sobre.
Lo abrió con las manos temblorosas, y, aunque suponía que sabía su contenido, un rayito de esperanza y alguna que otra mariposa querían revolotear en el vacío estómago de ella, revolotead despacio queridas mariposas, este amor se muere y con él, vosotras también moriréis, les comunicó con pesar.
Nada, el sobre estaba vacío, no había carta alguna en su interior ¿Qué significaba aquello? ¿Ni siquiera era merecedora de una explicación?.
Teresa Mateo

martes, 22 de septiembre de 2015

Un banco en el parque

Llegó tarde, pero llegó.
Durante mucho tiempo no quiso hacer caso al corazón. Había sido una decisión muy meditada, sonrió para sí al pensar en lo impulsiva que había sido de jovencita. Cuanto le había costado contener esos impulsos. El último acto impulsivo que había cometido fue casarse. Ya en el altar se había dado cuenta que se equivocaba, pero la juventud cree que todo lo puede y pensó que lo cambiaría, pensó que ella tenía un arma poderosa para transformar su genio en cariño. Como con todo lo que tenía que ver con él, se equivocó, quién no quiere cambiar nunca cambia, le comentaba una buena amiga, aunque ella siempre contestaba que con el tiempo lo lograría, pero no fue así, él no cambió , pero ella si.
Su alegría poco a poco había ido dando paso a la tristeza, a la apatía, a la soledad. Hasta que lo conoció, al principio pensó que sencillamente era alguien con quien conversar, después quedaron a tomar un café, ella se sentía tan sola que aquel café abrió la compuerta de su ilusión. Después de aquel día llegaron otros, una invitación a comer, un paseo por el parque.
Volvía a sentirse viva, aquella compañía le sentaba tan bien, que aquel que nunca la miró se dio cuenta que ella había cambiado. Él, que nunca se fijó cuando el cambio la había ido apagando, cuando sus ojos dejaron de brillar, ahora se reía de ella por sus ganas de verse bien. ¿No eres muy mayor para tanto maquillaje? le decía con sorna. 
Lo de ahora no era tal cambio, era una regresión, sencillamente volvía a aflorar la mujer que llevaba tanto tiempo dormida en su interior.
Y llegó el día que ella tanto temía, no quería reconocerlo, ni ante sí misma, pero se había enamorado. Se había enamorado de aquel personaje que parecía salido de una de sus novelas favoritas, se había enamorado de alguien que había llegado demasiado tarde a su vida, después él le confesó lo que sentía por ella y se asustó.
Huyamos, le dijo él, una fría mañana de invierno. Pero la otrora impulsiva no quería volver a equivocarse, le dijo que lo tenía que meditar.
Si lo tienes que pensar es que no me amas lo suficiente, pero como yo sí que te amo por los dos te espero en el parque de nuestra primera vez. ella no le prometió nada.
Dio muchas vueltas, ¿realmente quería romper con todo? tantos años reprimiendo sus emociones la habían hecho cauta, incluso timorata, asustadiza. Pero al final el corazón manda sobre la razón y dijo sí. Sí, quería empezar de nuevo, se merecía aquella segunda oportunidad.
Durante la noche había caído una gran nevada y el frío calaba los huesos, no le importó, se puso unas botas, el plumas, la bufanda y salió corriendo hacía la felicidad.
Y llegó, pero llegó tarde. el banco estaba vacío, lo único que encontró fueron unas huellas que se alejaban maculando la hermosa sábana blanca que cubría el parque aquella mañana.
Teresa Mateo
                              

lunes, 29 de junio de 2015

Tórrido verano

Querido amante:
Esta misiva no es ningún reproche, para nada, no es algo que deba ni quiera hacer, solo es una reflexión sobre nuestra corta, pero intensa, historia.
Necesito hacerle una pregunta. ¿Tiene usted algún problema conmigo?
Desde hace unos días estoy notando un cambio de actitud con respecto a lo nuestro, sus llamadas son bastante más esporádicas, desde el día aquel en que estaba usted sumido en un tórrido verano, parece que de pronto se haya instalado en un largo y gélido invierno.
Ya sé que quedamos que nada de exigencias el uno con el otro, ni condición alguna, esto solo era dar y recibir el cariño que se nos privaba por otro lado, sin más complicaciones que encontrar el momento idóneo para satisfacer nuestros deseos o necesidades. Necesidades que a lo mejor han ido dando paso a otro tipo de sentimiento del que no debemos hablar, ni usted ni yo. 
Pero necesito saber el por qué de su frialdad, necesito saber si lo suyo era solo el placer de la conquista, que una vez conseguido el objetivo, una vez la presa está en la jaula, usted necesita salir de caza nuevamente. Lo entiendo, es usted un mujeriego empedernido y yo sabía dónde me metía.
Otra posibilidad que ha pasado por  mi cabeza, es el trabajo, sé que es usted un hombre muy ocupado pero ¿tanto cuesta saludar? un whatsapp son solo unos segundos de su caro y escaso tiempo. 
He de decirle, querido amante, que yo no sabía lo que necesitaba, hasta que usted me lo hizo apreciar, ahora que mis carencias son notables y sus besos y sus caricias saciaban mi sed, ahora usted me niega el pan y la sal de nuevo.
Usted sabía que yo era lega en las artes amatorias, usted me inició en el mundo de la mentira, de las excusas, de los momentos robados. Yo era una señora de mediana edad, trabajadora fuera y  dentro de casa, hasta que usted me dijo aquel: "Hola, guapa", desde entonces, mis días eran más luminosos. En mis ojos se instaló otro brillo, otra luz, y esa,  se la debo a usted, querido amante. Eso se lo debo a nuestras agradables conversaciones, ya que todo no era sexo, ni mucho menos, de vez en cuando nos tirábamos nuestras puyitas, que me hacían reír a carcajadas, y aún estando en la oficina, no podía dejar de mirar el móvil a escondidas esperando un mensaje nuevo, una nueva conversación dirigida siempre, por el gran estratega que lleva dentro.
También he pensado que su falta de interés por mí, se deba a que haya podido decir o hacer algo que lo haya molestado, pero no acierto a saber que pueda ser.
Querido amante, otra cosa que echo de menos son los cariños y cielos entremezclados en sus conversaciones, como también necesito sus adjetivos "des"calificativos, También me hacen falta las fotos de besos almibarados que me manda por el móvil y que yo suelo responder con alguno de película, solo por confundirlo, pero que usted sabe descifrar tan bien.
Otra de mis elucubraciones, sabe usted que pienso mucho, podría ser que su adorada esposa hubiese sospechado algo, pero usted es todo un maestro en estos artes y lo descarté al momento.
Querido amante, no sabe usted lo confundida que me tiene, Parece ser que se le acabaron los guapa de rigor a esta gata pretenciosa, antipática, marrullera y canallesca. Decirle, querido amante, que si me ha cambiado por otra lo entenderé, sé que no he sido la mejor amante, pero he de decirle que me he esforzado, que el cariño que le he dado, aunque no haya sido ningún esfuerzo propiamente dicho, siempre ha sido de verdad, nada fingido, supongo que usted, querido amante, esperaba más pasión, pero le dije que necesitaba tiempo, soy una mujer cohibida con respecto al sexo y solo ahora estaba empezando a dejar que aflorase la sensualidad que llevo reprimiendo tanto tiempo.
Otra de las hipótesis que he barajado, querido amante, era la de los sentimientos, los míos solo yo los sé, pero es posible que sin quererlo usted se haya involucrado más de lo que esperaba, ¿recuerda que me dijo que usted no se iba a enamorar? pues bien, ilusa de mí, he llegado a pensar que usted se estaba enamorando, y le ha dado miedo llegar a enamorarse de verdad, con los cinco sentidos. Por eso, querido amante, por eso y solo por eso yo no le pido nada, no le voy a reprochar nada, no soy de montar escenas por nada, eso sí, querido amante, le pediría un poquito de sinceridad.
Suya por siempre
Clío
Teresa Mateo



lunes, 15 de junio de 2015

Reseña en el blog Ángeles en la lectura

Reseña novel: Otoño en la piel, primavera en la sangre, de Teresa Mateo
Título: Otoño en la piel, primavera en la sangre
Autor: Teresa Mateo Editorial: Independiente
Año: 2013 ISBN: 978-1484175491 Páginas: 324 Precio: 11'45€
Venta: http://www.amazon.es/Oto%C3%B1o-Primavera-sangre-Teresa-Mateo/dp/1484175492
SINOPSIS
Un viaje por sorpresa, un encuentro accidentado, una despedida forzosa y toda una vida de arrepentimiento. Meritxell Llobet, tuvo que dejar atrás su gran amor por cumplir su promesa de matrimonio, durante más de veinte años pagó cara su infidelidad, lo que la mantenía con vida eran sus hijos y sus libros, hasta que un día, el pasado volvió... se presentó en forma de programa de televisión.
 PERSONAJES Meritxell: es la protagonista. Tras veinte años de matrimonio, su vida está vacía, su matrimonio muerto y sólo le queda ver la vida pasar. Pero un día, en las vacaciones de verano, una serie de televisión que ve su madre le recuerda un pasado que enterró demasiado dentro, y un vacío que creía haber olvidado. Guy: es el protagonista. Actor famoso norteamericano, su vida sentimental es un auténtico caos desde que se divorció. Pero todos sus problemas con el sexo femenino se deben a que no ha conseguido olvidar a la joven a quien conoció hace más de veinte años en un hotel, y de la que se enamoró perdidamente.
OPINIÓN PERSONAL Meritxell está prometida, y se va a casar en unos pocos meses. Decide viajar con su prima a Nueva York, un viaje que les han regalado, y despedirse así de su vida de soltera. Pero en ese viaje conocerá a Guy, un guapísimo joven estudiante de psicología con quien al principio chocará. Pero es cierto que los polos opuestos se atraen, y ambos terminan teniendo una aventura, de la que surgirá un amor como pocos, pero los miedos de Meritxell a desafiar los convencionalismos harán que abandone a Guy para casarse con su prometido, aunque jamás ha podido olvidar aquellos ojos verdes. Más de veinte años más tarde, la vida de Meritxell ha caído en la monotonía, su matrimonio está vacío y lo único que le queda son sus hijos. Pero un día, mientras ve una novela en la tele con su madre, vuelve a ver a ese hombre que le robó el corazón tantos años atrás. ¿Será una premonición de lo que está a punto de ocurrir? Ésta novela nos cuenta la vida de Meritxell, una mujer cuarentona que no lo ha tenido nada fácil en la vida. Primero nos cuenta su juventud, su viaje a Nueva York, y su aventura con el que se convertirá en el amor de su vida. Y después viajamos al presente, a su vida vacía, a su monotonía, y cómo ésta puede cambiar de una manera muy drástica. He de decir que la trama me ha encantado, es una historia que me ha resultado muy bonita y que tiene bastante fondo. Sin embargo, he tenido un par de problemillas para disfrutarla plenamente. Ha sido una novela que me ha resultado un poco espesa. Para mi punto de vista, la autora ha abusado de las descripciones, ha habido muchas partes de la novela que me han parecido innecesarias. Esto ha hecho que la lectura se e hiciera pesada en algunos puntos y me costase leer. Otra cosa que he visto es que la autora pasa de escribir en primera persona a escribir en tercera. La primera persona (cuando habla Meritxell) no se ha conectado bien con la tercera (cuando habla de Guy) y eso me ha hecho perderme en algunos puntos, y no saber quién habla. Por lo demás, la novela me ha gustado. Es una historia de amor de las que casi no se ven, de las que cuentan la historia de personas de mediana edad, me ha recordado a las novelas de Danielle Steel en la forma de describir las escenas. Los personajes tienen personalidad, tienen alma, y ha sabido hacer que te identifiques con ellos. La forma de escribir de Teresa es clara, utiliza un vocabulario rico y variado, a la altura de cualquier lector. Las escenas de sexo, como Danielle, son suaves, apenas un par de pinceladas, casi parecen de otra época (no es una crítica sino todo lo contrario, que hoy en día se abusa del erotismo) En definitiva, ha sido una novela que con un poco más de experiencia y técnica podría haber llegado a ser una obra de arte. Considero que los fallos de Teresa son fruto de la inexperiencia y que conforme vaya escribiendo más libros se irán corrigiendo, haciendo de ella una gran escritora. Puntuación angelical...



domingo, 31 de mayo de 2015

Entrevista en el blog ANGELES EN LA LECTURA

Conociendo noveles: Teresa Mateo




BIOGRAFÍA


Quisiera presentarme: mi nombre es María Teresa Mateo, nací en Sabadell (Barcelona) allá por octubre 1960, por lo tanto soy de signo Libra, dicen que el símbolo del equilibrio, dejémoslo ahí.
Nunca destaqué en ningún deporte, ni fui brillante en mis estudios, aunque en mi defensa debo decir, que creo ser la única criatura en el mundo, que hace pellas en clase para irse a leer a la biblioteca.
Acabé mis estudios sin pena ni gloria, empecé a trabajar en el negocio familiar y nunca dejé de leer, ni un solo día, la lectura fue (y sigue siendo) mi pasión, hasta que empecé a escribir; Y empecé por casualidad, todo el mundo me incitaba a la locura, yo creí estar más cuerda que ellos, hasta que ganaron la batalla.
Aparte de escribir y leer, hago otras cosas: Tengo un negocio de perfumería y estética, estoy casada, y tengo dos hijos.
Mi primera novela es: OTOÑO EN LA PIEL, PRIMAVERA EN LA SANGRE
La segunda es: EN TU AUSENCIA
Las dos son de corte romántico actual, no tienen nada que ver con vampiros ni son excesivamente eróticas, aunque los comentarios en Amazon son muy positivos.


SU OBRA





Un sueño cumplido, un viaje inesperado que romperá todos los esquemas a los que estaban ligados.
Treinta años después:
Un matrimonio sin amor, un recuerdo dormido que despierta de pronto.
Unos sueños latentes, la asaltan de vez en cuando, sueños en que su cuerpo sigue sintiendo la llama del amor, sueños que están a punto de hacerse realidad.
Verlo allí de nuevo ante ella, real y tangible, superó todas sus fantasías y la sumió en la noche más oscura.
¿Realidad o fantasía? ¿Le estará jugando una mala pasada su subconsciente?
¿Será demasiado tarde para ella? ¿Podrá recuperar los años perdidos?
Un libro lleno de conflictos en que se mezclan los celos, la traición, el desamor, la venganza, con un amor para el que las fronteras no serán
suficiente.

De  venta en Amazon


ENTREVISTA




¿Cuándo comenzaste a escribir?

Empecé a escribir por azar, la crisis me dejó demasiado tiempo libre y mi cabeza siempre ha ido a cien y al estar sin hacer nada bullían en ella mil historias, así que decidí ponerlas en papel a ver como quedaban, eso sí, animada por gente que creían en mí un poco más que yo misma.

¿Cómo te definirías como escritor/a?

Como escritora me definiría romántica, me gustan los finales felices. Aunque no quiere decir que lo que escriba sea demasiado almibarado. Intento poner un poquito de intriga en lo que hago.

¿Cuando comenzaste a escribir y qué te llevó a ello?

Empecé a escribir bastante mayor, cumplidos ya los cincuenta. Lo que me llevó a ello fue como dije anteriormente la crisis, aunque también otras circunstancias. Mis amigas ven potencial en mí, me pidieron una idea para un corto que no se pudo realizar y ese corto se convirtió en mi primera novela. A partir de ahí, no he podido parar.

¿Para ti escribir es una profesión o un hobby?

Para mí escribir es un hobby, me gustaría convertirlo en profesión aunque creo que tengo muchísimo que aprender.

¿A qué público va dirigida tu obra?

Mi obra está dedicada sobre todo a mujeres de mediana edad, porque creo que es un campo en la romántica que está poco cuidado. La sexualidad a los cuarenta/ cincuenta años es tan positiva o más que a los veinte o veinticinco, se tiene más experiencia y aunque quizá las reacciones son más pausadas no por eso son menos intensas. Espero que las lectoras de cierta edad se sientan identificadas.

¿Qué escritor ha marcado tu carrera?

Escritores que hayan marcado no solo mi carrera sino mi vida han sido muchos, soy una lectora empedernida desde la juventud, así que he leído de todo. Un escritor que me marcó siendo bastante joven fue Miguel Delibes con Las ratas, también Kenn Follet con Los Pilares de la tierra o de Gustave Flauvert Madame Bobary, pero en la novela romántica me han marcado dos escritoras, Diana Gabaldon con su saga Forastera y Nora Roberts a la que por cierto me negaba a leer pensando que no era mi estilo, hasta que la descubrí y me encantó.

¿Existe algún tipo de técnica que utilices a la hora de escribir?

Pues no tengo una técnica definida, al empezar a escribir casi por casualidad me dejé llevar por mis sentimientos y fui construyendo la novela a medida que iba surgiendo en mi cabeza, lo único que necesito es tener música de fondo y dejarme ir.

¿Leer a otras autor@s de tu mismo género literario cuando estás inmerso en la creación de tu obra es positivo o negativo para la misma?

Creo que leer autoras de mi género puede ser positivo y negativo a la vez. Creo que puedes caer en el error de copiar a la autora que lees, aunque ante un bloqueo siempre puede servir como inspiración, por mi parte suelo seguir con lo que estoy leyendo en ese momento independientemente de lo que esté escribiendo.

Cuando escribes, ¿lo haces para ti mism@ o por el contrario piensas en el futuro lector?

En principio escribo para mí, pienso que si a mí no me gusta lo que hago, difícilmente le va a gustar a un futuro lector.

Por último, cuéntanos un poquito más sobre tu obra.


Bueno, mi obra es bastante corta, solo he escrito dos novelas y estoy inmersa en la tercera, como dije antes son de corte romántico y dedicada sobre todo la primera a personas maduras. 


jueves, 14 de mayo de 2015

Ella frente al espejo

Ella se ha mirado al espejo, era un día como otro cualquiera, pero hoy se ha mirado al espejo. Un día que no tenía nada de especial, después de la ducha matutina se ha visto el pelo demasiado largo, ya tengo una edad se había dicho. Ha cogido unas tijeras y se lo ha cortado, se ha puesto leche hidratante en el cuerpo y se ha vuelto a mirar al espejo, es algo que no suele hacer, sabe que no es guapa y por mucho que le digan que la belleza está en el interior, no cuela, pero sin saber por qué, hoy se ha vuelto a mirar al espejo.
Ayer le habían regañado por vestir siempre de negro ¿Por qué motivo? le preguntaron, bueno, pues porque estiliza ¿Por qué si no?
Está bien, ha pensado, vestiré de claro, blanco como le habían aconsejado no tenía nada, ella no se veía con un color tan puro, ella no lo era, no era ni mejor ni peor que las demás, tenía muchas cosas en la mochila que nunca podría confesar.
En crudo sí, en crudo tenía un conjuntito de hacía unos cuantos años, ya que como solía ir de negro, allí seguía esperando que llegase el día de su estreno.
Y volvió a mirarse en el espejo, bueno, los kilos estaban allí, con blanco o con negro esos no bajan, al mirarse de nuevo al espejo, pensó que podía acentuar un poquito más el maquillaje, salir un poco de la rutina del rimmel y el brillo de labios.
De nuevo se miró al espejo, no sabía qué le pasaba pero no podía dejar de hacerlo. No se vio tan mal como pensaba, a lo mejor tenían razón aquellas personas que ayer le dijeron que tenía que ser ella la primera en verse bien, seguía sin ser guapa pero...
Cogió la chaqueta, el bolso y salió, otra vez se miró al espejo en el ascensor. Tenía la impresión que aquel iba a ser un día diferente, él la llamaría y esta vez, cuando le dijese: ¡Hola guapa! no se iba a enfadar, se había propuesto sentirse guapa por él, se había propuesto adelgazar por él, se había propuesto tantas cosas por él.
Pero de nuevo, con espejo o sin espejo, aquel iba a ser otro día sin él.




lunes, 13 de abril de 2015

ELLA



Ella es normal, completamente normal.
Ella es una mujer de su tiempo, trabajadora dentro y fuera del hogar.
Ella es fuerte, todos la buscan. Cuando necesitan ternura, cariño, dulzura o simplemente un consejo, ahí está ella.
Ella es íntegra, honrada, justa, nunca hizo nada que no debiera, siempre fue intachable. Para todo el mundo, un modelo a seguir.
Ella está para todos... pero nadie está para ella.
Menos hoy. Ella, hoy no quiere estar para nadie.
Ella hoy no quiere ser normal.
Ella hoy se ha cansado de ser fuerte, de ser el paño de lágrimas al que todos acuden.
Ella hoy quiere dejar de ser íntegra, de ser honrada, en una palabra ella quiere dejar de ser anónima.
Ella quiere vivir su vida, no la vida de los demás.
Ella quiere que la acojan con una sonrisa.
Ella quiere dejar de ser invisible.
Ella quiere que la reciban con besos.
Ella, solo quiere dejarse querer.


Espalda de mujer pintada por Christoffer Wilhem, clasicismo

viernes, 16 de enero de 2015

Sinopsis, En tu ausencia

En tu ausencia

Sinopsis

Dunia se levantó una mañana y su marido había desaparecido. 
Arnau sacrificó su libertad por salvar a su familia. 
Desde que su marido desapareció, Dunia se sintió perdida. Volcó todo su amor en su pequeña hija, Ona, que en poco tiempo desarrolla una enfermedad y muere. 
Desde que Arnau desapareció y Ona murió, su vida dejó de tener sentido.
Intentó rehacer su vida, cambió de residencia y por fin encontró trabajo, para nada pensó que su jefe se enamoraría perdidamente de ella, el problema era que Dunia se sentía incapaz de volver a enamorarse.
Después de mucho insistir, Dunia da una oportunidad a Santiago, su jefe. Justo en el momento en que Arnau reaparece, creando una tempestad en la vida de Dunia.
Arnau se presenta explicándole un cuento sobre un secuestro ¿será verdad? O ¿solo un ardid para que le perdone su larga ausencia?
¿Cómo podía imaginar Dunia, que Arnau había sido arrastrado contra su voluntad a Belize? ni en sus peores pesadillas lo creería.


http://www.amazon.es/En-tu-ausencia-Teresa-Mateo/dp/1503369498/ref=tmm_pap_title_0