martes, 5 de julio de 2016

Agonía

Agonía

Este amor es agonía
Es una piedra en el zapato de la vida
Es un largo camino entre rosas llenas de espinas
Este amor es melancolía
Es deshojar la margarita de la desilusión
Es silencio en tu mirada
Este amor es un mal recuerdo
Es buscar sin hallar
Es encontrar sin estar
Este amor es dolor
Es un cuerpo sin corazón
Es un corazón sin latido
Este amor es muerte en vida
Es silencio en lo profundo de una mirada
Es un soborno a la soledad

Este amor no es amor, si no hay amor.


martes, 17 de mayo de 2016

La pareja perfecta

  Nunca se le había ocurrido visitar una tienda de esas, como las llamaba su amiga entre risas, una tienda de esas como todo el mundo entenderá es un sex shop. 
    Aunque le costó entrar, una vez dentro se entusiasmó, paseó por los pasillos, admiró los ciento y un mil aparatatitos de los cuales el noventa y nueve coma nueve por ciento no sabía para qué servían, así que estuvo un buen rato elucubrando teorías a cual más ingeniosa para su utilidad.
  -Este nunca falla, es de lo mejor -le dijo una joven que apareció de pronto a su lado haciéndole dar un respingo.
   -Gracias, en realidad solo estoy mirando.
   Pero qué idiotez acababa de decir, pensó. La joven, imaginó ella que era una dependienta, pero no le quedó claro, ya que del mismo modo que apareció desapareció, justo después de ponerle en las manos tan confiable aparato. Se lo quedó mirando con ojos curiosos y sopesándolo, era bastante pesado pero suave y sedoso al tacto, la curiosidad pudo con ella y accionó el botón de encendido pensando que no tendría las pilas puestas. El corazón se le aceleró cuando el aparato casi se le escapa de las manos con la vibración, casi sin querer lo puso a su máxima potencia... "uff, esto promete", se dijo poniéndose cachonda solo de imaginarse en casa con aquello entre las piernas. Pero a ella realmente no le hacía falta ningún aparato, pensó. 
    Desde que lo había dejado con su última pareja se las apañaba muy bien ella sola, era perfectamente capaz de llegar al orgasmo masturbándose, pero era curiosa por naturaleza y aquella vibración en las manos la estaba poniendo y mucho así que con su recién descubierto tesoro se fue al baño, no podía aguantar un segundo más.
    Cerró la puerta con el pestillo y deslizó hasta la rodilla su tanga negro de encaje, se sentía húmeda y caliente, separó un poco las piernas y dejó que el vibrador rozara su sexo con una placentera y agradable sensación, le dio un poco más de potencia y rozó con él su clítoris abriéndose los labios con sus dedos y poco a poco lo hizo ir arriba y abajo... Wooow, se podría acostumbrar a aquella sensación. Los pezones se le endurecieron, a medida que se iba introduciendo a su nuevo compañero un delicioso cosquilleo tensó su vagina y su ano.
    Unas intensas oleadas de placer inundaron su cuerpo, su respiración se agitó y su corazón bombeaba con fuerza, una explosión de contracciones se adueñaron de su sexo y subieron por su vientre.
    -Joder -exclamó tapándose la boca por el miedo a ser descubierta. El orgasmo había sido brutal, se quedó laxa, sus manos quedaron inertes y el aparato cayó al suelo, una languidez se instaló en su cuerpo y tuvo que dejar pasar unos minutos antes de recomponerse.
    Antes de salir limpió a su nuevo compañero de piso y con una sonrisa en la boca le dijo: Creo que vamos a ser la pareja perfecta.



jueves, 21 de abril de 2016

EFESTO Y EL RAYO

      EFESTO Y EL RAYO

     Hemos quedado para pasar el fin de semana en Ibiza Carola, Lola y una servidora, tenemos todo preparado, los billetes de avión, la reserva en un hotel decente, aunque se nos lleve el presupuesto de dos meses, pero la idea es ligar. Estamos en aquella edad en que te puedes permitir cualquier cosa, rondamos los cuarenta y estamos de muuuy buen ver... o eso dicen, y claro está, no tenemos por qué desconfiar de los que lo dicen.
     Llegamos al hotel, dejamos de cualquier manera el equipaje (no podemos malgastar el tiempo en nimiedades) nos ponemos el bikini y bajamos a la piscina.
     Primera impresión: en qué hotel estamos, no hay nada potable por aquí... decepción total, aunque igual es que son las diez de la mañana de un viernes, pero teníamos entendido que Ibiza nunca duerme, así que hemos decidido que tomaremos el sol mientras los hombres se despiertan.
     De pronto se me alargan las antenas ¿qué es eso que veo por allí? es un camarero en bañador y pajarita, mi radar se revoluciona, me siento en la tumbona, pongo mis gafas de sol sobre la cabeza y pongo el libro que me había llevado para parecer una intelectual al lado de mis pies, Lola y Carola levantan la vista ante mis movimientos y se preparan para atacar.
     -Por favor, ¿nos traes unos margaritas? -dice Lola ahuecando su larga melena.
    El cañón de tío se nos acerca y pasa por entre las tumbonas rozando su miembro con el hombro de Carola, esta se hace la ofendida con una enorme sonrisa cómplice en la cara, nos mira a Lola y a mí y se pone de pie enseñando al camarero su lujuriosa figura que el escueto bikini apenas cubría.
     -Enseguida les sirvo -dijo el camarero con un delicioso acento Argentino.
Fue a buscar los cócteles mientras nosotras iniciamos la táctica de ataque.
    -Yo lo he visto primero -digo haciendo valer mi autoridad, por algo la idea del fin de semana se me había ocurrido a mí.
     -Pero a quién ha rozado ha sido a mí -argumentaba Carola.
     -Cuando acabéis con él me lo pasáis, por favor -soltó Lola, intentando parecer resignada.
Llega el camarero con los correspondientes cócteles con sus correspondientes sombrillitas y al verlo nos echamos a reír las tres al tiempo.
     -¿Pero todavía se usan las sombrillitas? -dice Lola cogiendo una y poniéndola en su boca provocativa.
     -Y ¿cómo se llama el servicial camarero? -le pregunta haciéndonos a un lado a nosotras.
     -Efesto -dice el argentino.
     -El laborioso Efesto -digo yo recordando al Dios Griego del trabajo. -¿Has cambiado el martillo por la bandeja, por lo que veo.
     -Pero sigo manteniendo el rayo -me contesta mirando hacía su pene, oprimido por un apretadísimo bañador de lycra, que parecía algo mayor que antes de servirnos.
     -Ese rayo debe ser muy tímido cuando no lo llevas a la vista -continúo provocando.
     -No creas, lo saco a pasear de vez en cuando.
Suelta la bandeja y se mete en medio de las tres, lo rodeamos, y él, sabiendo lo que andamos buscando se abre un poco el ajustado bañador dejando entrever un rayo tatuado en creciente desarrollo.
     -¿Las tres a la vez? o ¿de una en una? -pregunta haciendo una mueca.
Con la labia que tienen los argentinos, casi nos convence de hacerlo con las tres a la vez, y aunque yo puedo parecer todo lo desinhibida que quiera, la verdad es que me gusta que estén solo por mí.
    -Vosotras podéis hacer lo que queráis, yo os espero aquí.
Efesto y su rayo se dan media vuelta, me cogen por la cintura y subimos a la habitación, me muero de vergüenza por el desorden pero él ni siquiera se fija, de un manotazo saca todo lo que hay encima de la cama y me tiende mientras me mira con ojos de deseo.
    -Así que conoces a los dioses griegos -dice mientras mete la mano por debajo de las braguitas del bikini.
    -Me gustan los clásicos -contesto buscando a mi vez el rayo tatuado.
   -Pues yo siempre estoy ávido de conocimientos, y esta mañana me he levantado hambriento mmmmhhhhh, quiero que le enseñes a mi rayo el camino hacia la sabiduría -ríe por la ocurrencia.
En este momento la excitación es tal que no puedo más, quiero que se deje de lecciones y pase a la práctica.
     -Pienso conocer todo de ti -dice mientras su lengua explora mi sexo.
Es un amante experimentado y sabe lo que necesito, pero va despacio y yo soy impulsiva por naturaleza, necesito que de una vez empiece a hacer algo en serio y lo que hace me deja sin aliento, me ata las manos al cabezal de la cama y me tapa los ojos con un pañuelo, no veo nada, solo noto el roce suave de los pétalos de una rosa acariciando mi piel. Efesto sabe activar mis sentidos y mi cuerpo responde a todos sus estímulos, su miembro entra en mi boca de pronto, cálido y apetecible, sus manos abren mis piernas mientras su lengua vuelve a la carga y sus manos exploran mi trasero, eso no me lo esperaba y un ramalazo de placer me llega hasta las entrañas.
De pronto se da media vuelta y su boca se acerca a la mía con el sabor de mis fluidos, es sencillamente delicioso, su lengua busca la mía y juega con ella mientras sus manos exploran todo mi cuerpo. No veo nada y no puedo tocar, el divino camarero me pone a cien, necesito que me penetre, pero sigue explorando, acariciando con manos y lengua toda mi anatomía. 
    Ahora que tengo al boca libre de la suya le pido por favor que vayamos al grano, que le necesito dentro. Me hace caso y su polla, rayo incluido atraviesan mi húmeda cueva, un grito de placer escapa de mi garganta y él sella de nuevo mi boca con la suya. Efesto entra y sale, entra y sale se mueve en círculos hasta que saca su rayo y lo frota con mi clítoris haciendo que me corra en una explosión de espasmos. Todo esto sin dejarme ponerle una mano encima, me desata y con la laxitud del orgasmo me quito la venda de los ojos, quiero ver el rayo tatuado de nuevo, pero Efesto ya está preparado para seguir con sus lecciones.
    -Cuando te apetezca darme otra lección de mitología estoy a tu entera disposición -me dice mientras me tira un beso desde la puerta y deja un papelito con su número de teléfono.
Cuando vuelvo a la piscina me encuentro a mis dos amigas intentando dar lecciones de anatomía a mi Dios, pero estoy segura que ninguna se la chupará con la devoción que lo hago yo.

    

jueves, 24 de marzo de 2016

Una visita inesperada

   
   Estaba decidida, aquella relación no la llevaba a ninguna parte, así que había pensado romper aquella "pseudoamistad" con derecho a roce, ya que de roces últimamente nada de nada.
   Se conocían desde hacía unos años, pero en realidad hacía muy poco que eran amantes, bueno si a aquella relación se le podía llamar de alguna manera.
   Desde que la amistad había pasado a ser algo más, parecía que todo se torcía para que no pudieran verse, aquello no era algo que Rhona hubiese buscado, llevaba mucho tiempo sola y aunque siempre le había gustado su compañía, como single era feliz... hasta que Jaime dijo que para él era mucho más que una amiga, que sentía cosas por ella que no había sentido por nadie más.       Rhona no había querido pensar en esa posibilidad, aunque hacía mucho tiempo que sentía por él algo más que amistad, pero nunca se atrevió a pensarlo siquiera en voz alta, eso sí, los sueños que tenía últimamente siempre eran con él, y eran sueños muy calientes. No por casualidad el "amigito" que se había comprado llevaba su nombre.
   De ahí la sorpresa cuando sonó el timbre de la puerta y apareció él con una enorme sonrisa en la cara. En la mano llevaba una copa con un cóctel, el alexander que le debía desde hacía algún tiempo, le dijo.
   Rhona se lo quedó mirando, le quitó la copa de las manos, le dio un sorbo y con el dulce líquido en la boca lo besó. No conocía una sensación mejor que el sabor de su boca, bueno su pene también sabía rico y con solo pensarlo se estaba humedeciendo.
   Jaime la agarró por las nalgas y la atrajo hacía él, no podía negar su excitación, pero prefirió de momento abrazarla, llevaba tanto tiempo esperando aquel momento, que temió correrse allí mismo antes de empezar.
   -No sabes las ganas que te tenía -decía él entre beso y beso, gemido y gemido.
   -No más que las mías, con lo abandonada que me tienes.
   -Ya sabes de mis problemas, no puedo dejar la empresa así como así sin levantar sospechas.
   -Bueno, es más emocionante, sobre todo cuando eres el jefe, no tienes por qué dar explicaciones.
   -Muy simpática ella.   
   -Lo sé, lo sé, mejor dejemos el tema, estoy muy caliente y no quiero que me enfríes jajaja –reía con mirada felina. 
   Mientras decía esto le iba desabrochando la camisa, dejando al descubierto el vello canela de su pecho y lamiendo con ansia sus pezones.
   -No sé como he podido resistir tanto tiempo sin verte, no sabes cómo me pones, me enciendes solo con el roce de tu maravillosa lengua.
   -Pues esto no es nada para lo que te espera -decía ella mientras le quitaba el cinturón de los pantalones dejando al descubierto su erecto miembro.
   -Tengo una sed -dijo de pronto él.
   -¿Sed? amor, por favor, estaba pensando comer, deja la sed para luego -hizo un mohín arrugando los labios.
   -La sed que tengo la pienso saciar en este momento -decía mientras la tumbaba en la cama y metía la cabeza entre sus piernas.
   Rhona gimió de placer, el roce de su cabeza entre las piernas la podía llevar al éxtasis, pero lo que la llevaba de verdad era esa lengua jugando con su clítoris. Las piernas le temblaban mientras las manos de él acariciaban sus muslos. De pronto levantó la cabeza y empezó a trepar por su estómago deteniéndose en los pechos, amasándolos con las manos y  pellizcándole suavemente los pezones, para acto seguido meterlos en su boca y jugar con la lengua. Rhona estaba a punto del orgasmo, los espasmos eran cada vez mayores pero él no quería que se corriera tan pronto, así que se detuvo y se tumbó a su lado acariciándola solo con un dedo, haciéndola estremecer y gemir arqueando la espalda.
   -Te quiero dentro, muy dentro -pidió ella.
   -No seas impaciente, todo a su debido tiempo -contestó Jaime alargando el momento, aunque también lo estaba deseando.
Rhona respiraba agitada, se volvió hacia él y empezó a besarlo de nuevo, esperando que la llenara, que la follara de una vez.
   Por fin pareció dar resultado su estrategia y Jaime la penetró con la misma urgencia que ella demandaba.
   -¿Esto es lo que quieres? pues tómalo, es todo tuyo nena.
   -Sigue así, te necesito muy dentro, este coño te ha extrañado mucho -reprochaba ella.
   Jaime empezó a moverse rítmicamente, mientras Rhona arqueaba la espalda y rodeaba su cuerpo con las piernas para que la penetración fuera más profunda, los gemidos se intensificaron y los suspiros llenaron la habitación, las embestidas se incrementaron hasta que en la última un líquido caliente y viscoso inundó su vagina acompañado de un éxtasis superlativo.
   En aquel momento sonó el teléfono de Jaime.
   -No lo cojas, por favor -dijo Rhona sin querer despegarse de él.
   -Tengo que hacerlo.
Descolgó y como ella temía le dijo que se tenía que ir, aunque eso sí, prometiéndole que repetirían... antes del verano...







martes, 1 de marzo de 2016

DESTINO: GRANADA

Queridos lectores, ya está a la venta mi tercera novela DESTINO: GRANADA
Espero que tenga la misma aceptación que las anteriores.
Os dejo una pequeña sinopsis y os presento a los protagonistas.
Kate Cameron.
Protagonista femenina, una mujer escocesa, ya no tan joven que está desencantada del amor. A sus 39 años y después de el último fracaso se dedica a cuidar de sus sobrinos, hasta que se cansa y decide darse una oportunidad a ella misma, quiere hacer un viaje, siempre adoró Granada, ella estudió historia del arte, especializándose en arte nazarí. 
Estaba decidida, se iría a Granada y pondría en orden su caos, intentaría empezar de cero.
Sebastián Suárez.
Protagonista masculino, un joven taxista colombiano, que guarda algún que otro secreto.
ha renunciado a la fortuna de su padre y se ha hecho a sí mismo.
Criado por el servicio, se dedicaba a seducir a cuanta mujer caía en sus manos, pero sin enamorarse de ninguna, todas eran demasiado superficiales para él.
Pensaba que todas eran como su madre, superficial y frívola, que no dudó en abandonarlo cuando era un niño, desde entonces desconfiaba de todas las mujeres.

Prólogo:





-¿Qué te vas a dónde?
—Te has enterado perfectamente, me voy una temporada a Granada.
—Definitivamente te has vuelto loca. —Se ofendió Griselle, su hermana mayor.
 —Sabes que no, estoy cansada de hacer siempre lo que se espera de mí. No me habéis dejado tener vida propia y ahora necesito ser alguien, necesito hacer algo por mí.
—Ya eres alguien, deja de decir sandeces.
—Sabes muy bien que no son sandeces y no voy a cambiar de opinión. En cuanto tenga el pasaje me voy una larga temporada. Dejaré de ser el blanco donde descargan tus amistades sus burlas. O ¿creías que no me daba cuenta de los comentarios? “Pobrecita, se ha quedado para vestir santos”. O, “Claro, es tan sosa, con esas pecas y ese pelo color zanahoria”. “¿Quién se va a casar con ella?” Y vosotras, que se supone que sois mis hermanas, acolitando y riendo las gracietas de vuestras amistades. Pues eso se acabó, he tomado una determinación y pienso cumplirla.
—Si no te has casado, es porque no has querido —la cortó tajante.
—Si no me he casado, es porque no me habéis dejado —replicó Kate—. Siempre que me fijé en algún hombre, lo espantabais Anastacia y tú, diciéndole sabe Dios qué. Solo estabais esperando que escogiera a vuestro candidato, y ni muerta me casaría con ese sinvergüenza.
—No, a ti te pretendía el príncipe Carlos. ¡Espera, no! Tu tenías que haberte casado con el rey Felipe, así vivirías en España, ya que tanto te gusta —su sarcasmo destilaba crueldad.
—A lo mejor, si no hubiese estado ocupada criando a vuestros hijos, lo habría hecho.
—Dijo esto último apretando los dientes, por no sacar trapos más sucios que aquellos, (que los había). No creyó conveniente en aquel momento decir nada más. Subió corriendo las escaleras que llevaban a su habitación y en media hora tenía hecho el equipaje.
De eso hacía como quince días, quince días en que todo el mundo se negaba a creer que fuese capaz de realizar su propósito.
Y ahora estaba allí, sentada en un banco; en un país extraño, con un idioma extraño, rodeada de extraños, sin saber qué hacer... y muerta de frío. Cuando llegó le pareció una temperatura estupenda, pero a medida que se echaba la tarde encima, la temperatura había descendido considerablemente. En ese momento tenía un frío insoportable, y no era solo que hiciera demasiado fresco, es que además lloviznaba y la humedad le calaba los huesos. Los nervios también contribuían al malestar que sentía, la hacían tiritar, además la ropa que llevaba era demasiado fina para aquel clima.

¿Cómo había llegado a esto? ¿Qué había pasado para que todo le saliese tan rematadamente mal? Se preguntaba.





viernes, 19 de febrero de 2016

La chica del café

Cómo cada mañana, las dos amigas antes de entrar en sus respectivos puestos de trabajo se tomaban un café juntas. Hasta ahí todo normal, entraban en la cafetería de moda en el barrio. El dueño, un señor muy agradable y que preparaba unos cafés de vicio... y ahora es cuando viene el problema, siempre y cuando los preparase el dueño, los cafés estaban muy ricos.
Las dos amigas se sentaban normalmente en un rincón apartado de oídos curiosos, se explicaban sus "secretos de alcoba" una de ellas estaba separada y la otra mal casada que decía ella. solían echar unas risas de buena mañana y aquello les daba energía positiva para todo el día.
-¿Alguna novedad? -preguntaba Pili, la mayor de las dos.
-Bueno, al final lo he bloqueado del Whatsapp, ya no aguanto más al capullo ese -se quejaba Lola de su casi-si-pero-no pareja.
-No es por incordiar, pero ya te dije que esa relación no te iba a llevar a ningún sitio.
-Lo sé, lo sé, pero ya sabes que nadie escarmienta por nadie... y ayer me mandó un mensaje -confesó Lola.
-Eso es que ya le pica -reía Pili, diciéndole algo que ella ya sabía.
En ese momento les llevó el café la hija del dueño, las dos amigas se miraron y empezaron a reír. Matemático los cafés llegaban a la mesa sin el mini croasan que el padre acostumbraba a obsequiar a sus clientes con cada café.
-Te lo dije -señaló Lola, que tenía a la chica un poco cruzada.
-La verdad es que el café cada día le sale peor -se quejaba Pili-, Y eso que según ella es la única que hizo el curso de preparación de café.
-Pues le ha servido de poco -apostilló entre risas Lola- cada vez lo hace peor.
-Creo que nos odia -confirmaba Pili- somos demasiado monas para su ego.
-Por eso solo atiende a las marujas, el próximo día se lo digo.
-Yo creo que nos ve gordas, por eso lo pone aguado y no nos pone el croasan jajaja.
-Ni que yo me entere, he dejado al innombrable porque me llamaba mi gordi, lo que me faltaba -reía Lola recordando a su si-pero-no ex pareja.
-Pues yo quiero un café como tiene que ser; negro como el demonio, caliente como el infierno, puro como un ángel y dulce como el amor. -Citó Pili a Talleyrand.
-Esa frase no es tuya, no empieces con tus filosofadas, ya sé que eres muy culta, para lo que te ha servido jajaja -reía Lola, y con razón, al fin y al cabo su amiga no pasaba de ser una simple dependienta.
-Yo lo que quiero así es un hombre, pero esos no existen y si los hay, están con otros hombres -volvían a reír de sus salidas de pata de banco.
-Bueno, cariño se me hace tarde, entonces ¿qué? le decimos algo a la niña o lo dejamos para otro día -se despedía Lola.
-Venga va, le damos una última oportunidad -concedió Pili magnánima.
-Pero prometido, si mañana es ella la que prepara el café se lo decimos.
-Prometido, se lo decimos -dijeron las dos amigas a dúo, como cada vez que era la joven la que les preparaba los cafés.






jueves, 14 de enero de 2016

Adiós, amor.

Querido amante:
Esta carta es para decirte adiós, ya que no has tenido el valor de decírmelo a la cara. Sabía que lo nuestro se acababa, pero esperaba que tuvieses la valentía de hacérmelo saber mirándome a los ojos.
Ahora que todo terminó puedo admitir que me enamoré, sí, me enamoré aunque luché con todas mis fuerzas para no hacerlo, pero en el corazón no se manda. Tenías razón cuando decías que no eras mi tipo, pero no me enamoré de tu físico, aunque con el paso de los días tus ojos y sobre todo tu voz se me clavaron en el alma, lo que realmente me enamoró fue tu mente, una mente brillante. Y creo que mi error fue cuando empecé a halagarte, te empezaste a dar cuenta de mis sentimientos hacia ti, nunca he sido buena escondiéndolos. Supongo que te asusté.
Te confesaré que aquel primer beso que me dejé robar, removió cosas en mi interior que hacía mucho tiempo, o quizá nunca, había sentido. Los pocos cafés que tomamos juntos fueron momentos preciosos para mí. Aquella comida a la que me invitaste la guardé en la memoria, sobre todo después de haber pasado por aquel hotelito sin prisas, recreándonos en nuestros cuerpos, aunque supongo que no supe darte todo lo que necesitabas, decir en mi descargo que no sabía lo que significaba tener un amante y creo que tú tampoco, pero en eso igual me equivoco. Aunque supongo que tampoco eras un amante al uso, solo buscabas donde aplacar tus calenturas.
Tranquilo, no pienso hacerte ningún reclamo, me dejaste muy claro que no querías ningún tipo de compromiso conmigo, pero mucho me equivocaría si no pensase que aquellos abrazos que me dabas no eran precisamente de no sentir nada, todas aquellas veces que me dijiste “lástima que no nos hubiésemos conocido antes ” creo que no eran solo por las ganas de conquistarme, mujeres supongo que para echar un polvo las hay a montones y creo que eras sincero al decir que querías cariño, yo no sabía que lo necesitaba tanto como tú, (si es que era cierto) hasta que me abrazaste la primera vez. Aquellos abrazos que duraban unos cuantos minutos y que casi me rompían de fuertes que eran, aquellos besos al irte ya casi en la puerta, mirando a la calle por si algún conocido pasaba por allí, aquello, lo siento, pero creo que no era fingido, por eso no entiendo en qué fallé. Supongo que pensabas que era una mujer inteligente y culta, bueno inculta no soy, pero tengo mala memoria y me cuesta estar a la altura en según que conversaciones, no retengo los datos suficientes para mantener mis argumentos aunque eso me frustre, pero no lo puedo evitar, mi cabeza piensa dos mil cosas a la vez y al final no se me  quedan grabados los datos suficientes.
De todos modos atesoraré en mi corazón cada beso tuyo, cada caricia tuya, cada abrazo tuyo. Guardaré en mi memoria tus manos acariciando mis pechos, el sabor de tu boca y esa lengua saboreando mi sexo, al igual que el sabor dulce de tu miembro, tus gemidos, las posturas imposibles. He de confesarte también que me hiciste sentir casi bien dentro de mi cuerpo, que has sido la única persona con la que no he tenido vergüenza de mostrar mi desnudez. Sabrás que cuando llegabas al orgasmo me hacías feliz.  Cada vez que entrabas por aquella puerta me sentía viva, casi como una quinceañera y cuando me explicabas cosas de tu trabajo, incluso de tu familia,  o alguna de tus batallitas como tú las llamas, adoraba el sonido de tu voz.
Una vez me dijiste que contigo no tendría nunca ningún problema, que podía hablarte claro y que dijese lo que me pasase por la cabeza, y así lo hice. No sé si fue lo correcto, creo que me dejé llevar por mi lado más infantil, el juego me gustaba y ganarte de vez en cuando en nuestras puyitas me hacía sentir incluso un poquito más lista de lo que en realidad soy. Ahora soy yo la que te dice que te quedes tranquilo, que no te voy a montar ningún sarao, aunque la verdad es que me hubiese gustado que vinieses a decírmelo de frente, dando la cara y una mínima explicación, creo que me la merezco. Me preguntaste una vez qué me decía mi amiga y confidente de lo nuestro, ahora te lo puedo decir, me dijo que pasaría esto precisamente, te confieso que es un poco bruja, que me harías sufrir, sobre todo cuando empezaste a no tener tiempo para una visita por corta que fuese, me decía que no me merecías, ¿cómo podía decir que eras tú quien no me merecía? entonces yo le explicaba que tenías mucho trabajo, que tenías contratos que asumir, su respuesta siempre fue la misma, el que quiere encuentra, no lo justifiques. Pero yo seguía justificándote y lo seguiré haciendo toda la vida.
Creo que me equivoqué el día que fui a aquel evento al que me invitaste, no teníamos que llegar tarde pero los astros se aliaron en contra y todo salió mal, estuve a punto de no ir, pero quería hacerlo, aunque fuese solo por hacer un poco de bulto, ya que todos tus invitados te iban diciendo que no irían por una razón u otra, yo tuve que remover Roma con Santiago y aunque un poco tarde, llegamos, y me encantó verte en tu salsa, has nacido para la oratoria, aunque nunca lo mencionaste, entonces supe que no debí ir, creo que te molestó y me hubiese gustado saber el motivo por el que te sentiste tan incomodo.
A partir de aquel día empezaste a retirarte, quizá fue casualidad, pero te fuiste alejando y ni siquiera te apetecía el sexo virtual que alguna vez tuvimos, también me di cuenta la última vez que empecé a jugar y me dijiste que a ti ya te estaba bien, me quedé un poco descolocada y nunca más lo intenté.
¿Qué fue de tus calenturas? Ya nunca más me dijiste que te “ponía” que “me tenías ganas”, aquello me debió dar una pista de tu alejamiento, pero una persona enamorada no piensa, siempre encuentra una justificación del porqué de tu falta de tiempo, o del porqué ya no te interesaban mis provocaciones, tenías mucho trabajo, me decías, tenías problemas de salud aunque no graves y yo seguía justificándote.
No quiero alargarme más, solo te diré que en el corazón no se manda por mucho que nos empeñemos, él se entrega a quien quiere por mucho que la razón intente impedírselo. Al final creo que ambos hemos perdido, tú a quien más te ha querido, yo, yo solo he perdido el tiempo. Podría decirte muchas cosas pero creo que ya me he desangrado bastante, ahora toca empezar a vendar este corazón tan herido, que va a necesitar muchas tiritas.
Esta desilusión seguro que me servirá para abrir los ojos y endurecer el corazón. Que sepas que no te deseo ningún mal, pero me voy a despedir con una frase de Chabela Vargas.

“Y no le pido yo al cielo que te mande más castigo, que estés durmiendo con otra y sigas soñando conmigo”.