Hoy es 14 de febrero, dicen que es el día de los enamorados, otros dicen que es un día comercial, que son inventos del capitalismo, que todos los días deberían ser el día de los enamorados.
Voy a contar como sería según Marta un día del amor perfecto, pero que está segura que nunca va a tener, al menos eso dice.
Marta es una trabajadora incansable, fuera y dentro de casa, no sabe mandar, así que sus subordinados son felices con ella, antes que ellos lleguen ya tiene la mitad del trabajo hecho, y entre los trabajadores está su marido, nunca aceptó eso de ser su subordinado y ese malestar minó el cariño que se tenían, así que hace bastante tiempo que el día de los enamorados no tienen mucho sentido para ella, tampoco es que antes su Manolo hubiese sido demasiado detallista, pero alguna cosita se acordaba de regalarle, incluso alguna vez había tenido el detalle de reservar mesa en algún restaurante. Pero todo eso se acabó, hacía bastante tiempo que se había instalado en su casa el desanimo. Manolo ya no era el de antes, se había dejado llevar de la vida y ni siquiera por convencionalismo era capaz de dar un beso de más, sus besos estaban contados, uno por la mañana al despertar, un simple roce de labios, no sea que Marta quiera más, el otro beso del día es el de la noche, exactamente igual, parecen besos calcados, dados con esa desgana del que los da porque es lo que toca, sin nada de sentimiento, cuanto menos pasión.
Y hoy es el día, el día de los enamorados, será como cualquier otro, un beso al despertar, sin emoción alguna, irán a trabajar, volverán del trabajo, comerán los dos uno delante del otro, la televisión puesta, por aquello de que algo de ambiente hay que tener, aunque sea sintético, después cada uno hará sus tareas y por la noche el ritual será el mismo, cena en silencio, beso sin emoción y a dormir.
Por eso siempre piensa cómo sería su San Valentín perfecto, no necesita regalos caros, o quizá los que necesita son los más caros de todos, ella con un abrazo por sorpresa tiene bastante, un beso por que sí, un te quiero a traición, sin necesidad de nada más que el sentimiento, la necesidad de decirlo, ella se conforma con un regalo que no valga dinero, un regalo de los que no hay dinero para pagarlo, un regalo que sabe que en su actual circunstancia nunca llegará...
€ste espacio está dedicado a mis lecturas, mis escrituras y mis pensamientos, la madurez a veces nos hace llegar a sitios impensables, así que no es tan malo cumplir años si con ello se cumplen los sueños.
martes, 14 de febrero de 2017
sábado, 14 de enero de 2017
Un paréntesis en su vida
Ella era una chica normal, hasta
que decidió hacer un paréntesis, a su pueblo había llegado la modernidad, y
ella se sentía una chica moderna, acortó sus faldas, se maquilló con algo más
que carmín y se apuntó a un taller literario, quería dar salida a su
creatividad. Con la modernidad llegó gente nueva, lo qué más alboroto causó, en
aquella primavera de los sesenta, fueron las motos y los moteros.
Todo era
tan nuevo, “tan americano” pensaba ella, influenciada por las películas que
llegaban de tarde en tarde. Uno de ellos, el que se parecía a Marlon Brando se
enamoró de ella, de todas las chicas del pueblo, el más guapo la había escogido
a ella, porque ella era una chica moderna, se dijo.
En dos meses se casaron y al llegar de la luna de miel empezaron los
problemas, el guapo motero quería de ella una asistenta, y su dinero, ya que
eso de trabajar no iba con él. Dos meses después y seguidos de alguna que otra
paliza, siempre eso sí, por el bien del amor, llegó una separación demasiado
moderna para los cánones del pueblo.
Aquel matrimonio había coartado su modernidad, su libertad e incluso su personalidad.
Dos años después de aquello,
superados los fantasmas, su primer libro obtuvo todos los premios. ¡Qué gran
historia!, decían los críticos, solo ella sabía que aquella triste historia era
la suya, que aquella historia había supuesto un paréntesis en su vida.
lunes, 5 de diciembre de 2016
Un regalo nada navideño
Jamás pensó ser la otra, siempre dijo que eso no iba con ella, por mal que fuesen las cosas en su matrimonio, nunca imaginó poder estar en tan ingrato, o grato, papel, dependiendo desde luego del lado en que cada uno se encuentra.
La otra, que palabra más fea para definir a la persona con la que te apetece hacer el amor, con la que te apetece estar, besar, abrazar, acariciar, incluso con la que irías al fin del mundo si te lo pidiera. La persona a la que conoces cada poro de su piel, a la que le cuentas cada pestaña, a la que no te cansas de besar y con la que estarías todo el día haciendo el amor, ¿la otra?
No voy a entrar a valorar el por qué fue la otra, cada uno tiene sus motivos y aunque deba reconocer que se lo puso difícil al final acabó siéndolo.
Está bien, ser la otra es no ser nadie, lo sabemos, máxime cuando de lo único que se trataba era de sexo, sí, confesó, estaba necesitada de sexo y surgió, como surgen las cosas en esta vida, por casualidad, una conversación tonta llevó a una amistad tonta, les apetecía estar juntos, tomaban café casi todos los días en la misma cafetería y estaban tan bien la una con el otro que una cosa llevó a la otra, y de pronto, les apeteció acariciarse las manos, un beso fugaz era un placer, los momentos robados siempre fueron los mejores del día… y digo bien, fueron.
Hablo siempre desde mi perspectiva de mujer y confidente, ellos no tienen la misma percepción de las cosas que nosotras, por eso desde un principio le dejó claro que a su mujer nunca la iba a dejar, la comodidad de lo que tenía desde hacía muchos años no la tiraría por la borda por un calentón, le dijo. Ella le respondió con algo similar, ella y su marido tampoco tenían intención de separarse, se habían acostumbrado a soportarse mutuamente y ya les estaba bien, hacían sus vidas cada uno por su cuenta y dejaban pasar los días.
Cuando parecía que las cosas estaban mejor, algo cambió, ella se dio cuenta de que él tardaba más tiempo de lo normal en saludarla, faltaba muchos días a la hora del café. Después empezaron a llegar las excusas para no verse, ella saludaba y él parecía que lo hacía de puro trámite, hasta que prácticamente dejó de dar señales de vida, dejó de contestar los mensajes, dejó de decirle las ganas que tenía de estar con ella y ella supo que había llegado la otra, ironías del destino, a la otra, la habían sustituido por otra.
Lo peor no fue eso, lo peor fue que él, el hombre por el que ella hubiese dado la vida le buscó un sustituto, ¿tan inepta la veía que necesitaba buscarle él un amante a ella? Lo reconoció en seguida, el mismo modus operandi, la misma intensidad al saludar, pero ella no era tonta, que siempre hubiese respetado el pacto de no reclamos, de no somos nada, de no nos debemos nada, no significaba que lo tuviese que sustituir y menos que se lo buscase él, cómo podía pensar que ella sería capaz de cambiarlo a él por su amigo.
Nunca le dejó entrever lo que realmente sentía, siempre le dejó llevar la iniciativa, incluso cuando mantenían relaciones le gustaba que él le dijese lo que le apetecía en cada momento, por eso se le hacía más duro aquel momento y más doloroso, no por el fin de una relación que ella sabía que tenía los días contados, pero ¿buscarle a otro? ¿Era necesario que la humillara de aquella manera? ¿Era ese su regalo de navidad?
Teresa Mateo
La otra, que palabra más fea para definir a la persona con la que te apetece hacer el amor, con la que te apetece estar, besar, abrazar, acariciar, incluso con la que irías al fin del mundo si te lo pidiera. La persona a la que conoces cada poro de su piel, a la que le cuentas cada pestaña, a la que no te cansas de besar y con la que estarías todo el día haciendo el amor, ¿la otra?
No voy a entrar a valorar el por qué fue la otra, cada uno tiene sus motivos y aunque deba reconocer que se lo puso difícil al final acabó siéndolo.
Está bien, ser la otra es no ser nadie, lo sabemos, máxime cuando de lo único que se trataba era de sexo, sí, confesó, estaba necesitada de sexo y surgió, como surgen las cosas en esta vida, por casualidad, una conversación tonta llevó a una amistad tonta, les apetecía estar juntos, tomaban café casi todos los días en la misma cafetería y estaban tan bien la una con el otro que una cosa llevó a la otra, y de pronto, les apeteció acariciarse las manos, un beso fugaz era un placer, los momentos robados siempre fueron los mejores del día… y digo bien, fueron.
Hablo siempre desde mi perspectiva de mujer y confidente, ellos no tienen la misma percepción de las cosas que nosotras, por eso desde un principio le dejó claro que a su mujer nunca la iba a dejar, la comodidad de lo que tenía desde hacía muchos años no la tiraría por la borda por un calentón, le dijo. Ella le respondió con algo similar, ella y su marido tampoco tenían intención de separarse, se habían acostumbrado a soportarse mutuamente y ya les estaba bien, hacían sus vidas cada uno por su cuenta y dejaban pasar los días.
Cuando parecía que las cosas estaban mejor, algo cambió, ella se dio cuenta de que él tardaba más tiempo de lo normal en saludarla, faltaba muchos días a la hora del café. Después empezaron a llegar las excusas para no verse, ella saludaba y él parecía que lo hacía de puro trámite, hasta que prácticamente dejó de dar señales de vida, dejó de contestar los mensajes, dejó de decirle las ganas que tenía de estar con ella y ella supo que había llegado la otra, ironías del destino, a la otra, la habían sustituido por otra.
Lo peor no fue eso, lo peor fue que él, el hombre por el que ella hubiese dado la vida le buscó un sustituto, ¿tan inepta la veía que necesitaba buscarle él un amante a ella? Lo reconoció en seguida, el mismo modus operandi, la misma intensidad al saludar, pero ella no era tonta, que siempre hubiese respetado el pacto de no reclamos, de no somos nada, de no nos debemos nada, no significaba que lo tuviese que sustituir y menos que se lo buscase él, cómo podía pensar que ella sería capaz de cambiarlo a él por su amigo.
Nunca le dejó entrever lo que realmente sentía, siempre le dejó llevar la iniciativa, incluso cuando mantenían relaciones le gustaba que él le dijese lo que le apetecía en cada momento, por eso se le hacía más duro aquel momento y más doloroso, no por el fin de una relación que ella sabía que tenía los días contados, pero ¿buscarle a otro? ¿Era necesario que la humillara de aquella manera? ¿Era ese su regalo de navidad?
Teresa Mateo
martes, 20 de septiembre de 2016
Paradoja
-Mi amante ya no me quiere, y no me quiere porque cree que estoy enamorada de él, ¡qué paradoja!
Tanto tiempo rondándome para ahora decirme que no me quieres, que nunca me quisiste, que solo era un capricho más en tu larga lista. Cuánta decepción, no sé si reír o llorar, pero desde luego algo haré en cuanto pueda asimilar este desbarajuste que embota mi cerebro y no me deja pensar. Caos, desorden, confusión, desmadre, incoherencia, así está mi cabeza desde que me dijiste aquellas palabras: Si te has enamorado esto ya no funciona.
¿Cree alguien que se puede hacer el amor durante años con una persona y no sentir nada? Supongo que tú sí puedes, yo desde luego no.
Pero no pasa nada, en unos cuantos años esto lo habré superado, espero, unos cuantos litros de lágrimas derramadas, mientras rompo en mil pedazos tu fotografía, espero que sean suficientes para borrar de mi memoria todos los besos que nos dimos, todos los abrazos que a escondidas nos prodigamos, todos los te quiero que nos susurramos.
La vida sigue, me dijiste, pero qué es la vida si pierdo el amor de mi vida, contesté intentando alargar el martirio de aquella despedida. Encontrarás a otro, seguro que mucho mejor que yo. Sonreí ante aquellas vanas palabras, yo no te busqué, pude decir antes que el nudo que cerraba mi garganta acabase por ahogarme, apareciste en mi vida como un huracán, contesté yo con la voz entrecortada, sabes bien que no te busqué, te encontré y contigo encontré fuego y agua, veneno y antídoto, agitación y calma incluso amor y odio, todo lo eras para mí, y ya no serás nada, solo un recuerdo maldito que irá secando un corazón que ya no me pertenece, justo cuando empezaba a latir de nuevo, te has llevado mi juventud, pero me has dejado experiencia, te has llevado mi alma, y de regalo me dejas hielo en las venas.
Tanto tiempo rondándome para ahora decirme que no me quieres, que nunca me quisiste, que solo era un capricho más en tu larga lista. Cuánta decepción, no sé si reír o llorar, pero desde luego algo haré en cuanto pueda asimilar este desbarajuste que embota mi cerebro y no me deja pensar. Caos, desorden, confusión, desmadre, incoherencia, así está mi cabeza desde que me dijiste aquellas palabras: Si te has enamorado esto ya no funciona.
¿Cree alguien que se puede hacer el amor durante años con una persona y no sentir nada? Supongo que tú sí puedes, yo desde luego no.
Pero no pasa nada, en unos cuantos años esto lo habré superado, espero, unos cuantos litros de lágrimas derramadas, mientras rompo en mil pedazos tu fotografía, espero que sean suficientes para borrar de mi memoria todos los besos que nos dimos, todos los abrazos que a escondidas nos prodigamos, todos los te quiero que nos susurramos.
La vida sigue, me dijiste, pero qué es la vida si pierdo el amor de mi vida, contesté intentando alargar el martirio de aquella despedida. Encontrarás a otro, seguro que mucho mejor que yo. Sonreí ante aquellas vanas palabras, yo no te busqué, pude decir antes que el nudo que cerraba mi garganta acabase por ahogarme, apareciste en mi vida como un huracán, contesté yo con la voz entrecortada, sabes bien que no te busqué, te encontré y contigo encontré fuego y agua, veneno y antídoto, agitación y calma incluso amor y odio, todo lo eras para mí, y ya no serás nada, solo un recuerdo maldito que irá secando un corazón que ya no me pertenece, justo cuando empezaba a latir de nuevo, te has llevado mi juventud, pero me has dejado experiencia, te has llevado mi alma, y de regalo me dejas hielo en las venas.
viernes, 5 de agosto de 2016
¿Quieres dormir conmigo?
¿Te vienes conmigo a la cama? me preguntaste un día en broma.
Yo quise contestar que sí, que quería dormir contigo, pero en el sentido más casto y puro que te puedas imaginar. Quise decir que sí, que quiero dormir contigo, acurrucarme a tu lado. Quiero que por las noches eches tu mano protectora sobre mi cuerpo. Quiero que veles mi sueño y me dejes velar el tuyo. Quiero despertar a tu lado, quiero que me prepares el café mientras yo hago las tostadas. Quise contestar que sí, que quería acostarme junto a ti en la cama, en un sofá o en el suelo mirando las estrellas. Quise contestar que a tu lado cualquier sitio me parecería un palacio. Quise contestar que contigo las horas se hacían minutos y sin ti infinitas. Quise contestar que iría contigo no solo a la cama, iría contigo al fin del mundo si me lo pidieras. Quise decirte que me hubiese gustado que te aprendieras el mapa de mi piel, que yo el tuyo me lo sé de memoria. Quise decirte que cada noche te invento. Quise decirte que me invento la vida contigo. Quise decirte que quiero amanecer cada mañana con una sonrisa en la cara. Quise decirte que quiero volar con el coche cantando nuestra canción. Quise decirte que quiero reír sin motivo, o que el motivo seas tú. Quise decirte que padezco un grave enfermedad, que padezco insomnio y que solo se cura durmiendo contigo. Quise decirte tantas cosas. Quise decirte que quería ver la lluvia desde la cama golpear los cristales en otoño y la nieve en invierno. Debí decirte tantas cosas. Pero no dije nada, me mordí la lengua como cada vez que nos vemos y bromeas con lo mismo. Debí decirte que para mí no es un juego. Debí decirte que en mis sueños ya me había ido a la cama contigo, que en la vida que me había inventado estás donde te quiero y te aseguro que eso no es un invento.
Teresa Mateo
Yo quise contestar que sí, que quería dormir contigo, pero en el sentido más casto y puro que te puedas imaginar. Quise decir que sí, que quiero dormir contigo, acurrucarme a tu lado. Quiero que por las noches eches tu mano protectora sobre mi cuerpo. Quiero que veles mi sueño y me dejes velar el tuyo. Quiero despertar a tu lado, quiero que me prepares el café mientras yo hago las tostadas. Quise contestar que sí, que quería acostarme junto a ti en la cama, en un sofá o en el suelo mirando las estrellas. Quise contestar que a tu lado cualquier sitio me parecería un palacio. Quise contestar que contigo las horas se hacían minutos y sin ti infinitas. Quise contestar que iría contigo no solo a la cama, iría contigo al fin del mundo si me lo pidieras. Quise decirte que me hubiese gustado que te aprendieras el mapa de mi piel, que yo el tuyo me lo sé de memoria. Quise decirte que cada noche te invento. Quise decirte que me invento la vida contigo. Quise decirte que quiero amanecer cada mañana con una sonrisa en la cara. Quise decirte que quiero volar con el coche cantando nuestra canción. Quise decirte que quiero reír sin motivo, o que el motivo seas tú. Quise decirte que padezco un grave enfermedad, que padezco insomnio y que solo se cura durmiendo contigo. Quise decirte tantas cosas. Quise decirte que quería ver la lluvia desde la cama golpear los cristales en otoño y la nieve en invierno. Debí decirte tantas cosas. Pero no dije nada, me mordí la lengua como cada vez que nos vemos y bromeas con lo mismo. Debí decirte que para mí no es un juego. Debí decirte que en mis sueños ya me había ido a la cama contigo, que en la vida que me había inventado estás donde te quiero y te aseguro que eso no es un invento.
Teresa Mateo
martes, 5 de julio de 2016
Agonía
Agonía
Este amor es agonía
Es una piedra en el zapato de la vida
Es un largo camino entre rosas llenas de espinas
Este amor es melancolía
Es deshojar la margarita de la desilusión
Es silencio en tu mirada
Este amor es un mal recuerdo
Es buscar sin hallar
Es encontrar sin estar
Este amor es dolor
Es un cuerpo sin corazón
Es un corazón sin latido
Este amor es muerte en vida
Es silencio en lo profundo de una mirada
Es un soborno a la soledad
Este amor no es amor, si no hay amor.
martes, 17 de mayo de 2016
La pareja perfecta
Nunca se le había ocurrido visitar una tienda de esas, como las llamaba su amiga entre risas, una tienda de esas como todo el mundo entenderá es un sex shop.
Aunque le costó entrar, una vez dentro se entusiasmó, paseó por los pasillos, admiró los ciento y un mil aparatatitos de los cuales el noventa y nueve coma nueve por ciento no sabía para qué servían, así que estuvo un buen rato elucubrando teorías a cual más ingeniosa para su utilidad.
-Este nunca falla, es de lo mejor -le dijo una joven que apareció de pronto a su lado haciéndole dar un respingo.
-Gracias, en realidad solo estoy mirando.
Pero qué idiotez acababa de decir, pensó. La joven, imaginó ella que era una dependienta, pero no le quedó claro, ya que del mismo modo que apareció desapareció, justo después de ponerle en las manos tan confiable aparato. Se lo quedó mirando con ojos curiosos y sopesándolo, era bastante pesado pero suave y sedoso al tacto, la curiosidad pudo con ella y accionó el botón de encendido pensando que no tendría las pilas puestas. El corazón se le aceleró cuando el aparato casi se le escapa de las manos con la vibración, casi sin querer lo puso a su máxima potencia... "uff, esto promete", se dijo poniéndose cachonda solo de imaginarse en casa con aquello entre las piernas. Pero a ella realmente no le hacía falta ningún aparato, pensó.
Desde que lo había dejado con su última pareja se las apañaba muy bien ella sola, era perfectamente capaz de llegar al orgasmo masturbándose, pero era curiosa por naturaleza y aquella vibración en las manos la estaba poniendo y mucho así que con su recién descubierto tesoro se fue al baño, no podía aguantar un segundo más.
Cerró la puerta con el pestillo y deslizó hasta la rodilla su tanga negro de encaje, se sentía húmeda y caliente, separó un poco las piernas y dejó que el vibrador rozara su sexo con una placentera y agradable sensación, le dio un poco más de potencia y rozó con él su clítoris abriéndose los labios con sus dedos y poco a poco lo hizo ir arriba y abajo... Wooow, se podría acostumbrar a aquella sensación. Los pezones se le endurecieron, a medida que se iba introduciendo a su nuevo compañero un delicioso cosquilleo tensó su vagina y su ano.
Unas intensas oleadas de placer inundaron su cuerpo, su respiración se agitó y su corazón bombeaba con fuerza, una explosión de contracciones se adueñaron de su sexo y subieron por su vientre.
-Joder -exclamó tapándose la boca por el miedo a ser descubierta. El orgasmo había sido brutal, se quedó laxa, sus manos quedaron inertes y el aparato cayó al suelo, una languidez se instaló en su cuerpo y tuvo que dejar pasar unos minutos antes de recomponerse.
Antes de salir limpió a su nuevo compañero de piso y con una sonrisa en la boca le dijo: Creo que vamos a ser la pareja perfecta.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






