viernes, 3 de marzo de 2017

El mentiroso

   En la vida puedo perdonarlo todo menos la mentira, es superior a mis fuerzas, por eso me siento tan mal, había puesto todas mis esperanzas en él, pero me falló, muy buenas palabras, mucha pseudocultura, siempre terminaba las frases con un latinajo que creí que lo sacaba de algún diccionario de latín que se debía saber de memoria, pero todo mentira al fin y al cabo.
   Nos conocimos en la puerta de un cine de moda, nunca había asistido sola a una sesión, pero la persona que debía acompañarme tuvo un imprevisto y yo me negaba a perderme aquella película, así que como ya estaba arreglada para salir, y aunque era bastante tarde, me presenté en la sala casi al punto de empezar el pase del film. No había reservado la entrada, siempre lo hacíamos pero al quedarme sola estuve dando vueltas a la idea demasiado tiempo, soy bastante tímida y me gusta ir acompañada por el mundo.
   Al llegar a la taquilla y decirme la señora de la ventanilla que me había quedado sin poder entrar me quedé con cara de boba, si es que siempre me pasa igual, la indecisión me puede y cuando me decido suele ser tarde, por mucho que me diga que no volverá a pasar... siempre pasa.
   Fue divertido cuando se me acercó todo un gentleman y me dijo si quería hacerle el favor de acompañarlo, le había fallado su pareja y le sobraba una entrada, mi corazón dio un vuelco, era un hombre muy apuesto, rondaría los cincuenta y cinco, estatura media, manos grandes y muy cuidadas,  pero como estábamos en carnaval, llevaba la cara tapada por un antifaz que no me permitía verle los ojos, aunque los adiviné de un verde intenso, pelo claro y con alguna que otra cana que le confería apostura. Me tragué como pude la timidez y le dije que por qué no, entramos, vimos la película y la verdad no era para tanto como las criticas decían, pero la velada estuvo muy bien, salimos del cine y me invitó a una copa, la verdad es que lo pasé muy bien, lo que no entendía era por que no se sacaba aquel maldito antifaz.
   Aquel encuentro dio paso a una amistad con derecho a roce, de vez en cuando se presentaba en mi casa, sin avisar, pero siempre con los ojos tapados, un antifaz, unas gafas de sol muy oscuras, no había manera de verle la cara. llegaba, hacíamos el amor, a veces traía la cena comprada previamente en algún restaurante de lujo, sí, el lujo le iba y mucho, tenía una conversación de lo más amena y divertida, una voz suave que te acunaba mientras explicaba las muchas vivencias que según él había experimentado en la vida. Nunca quedábamos en domingo, por eso deduje que era un hombre casado, tampoco quería salir a pasear, decía que le gustaba la tranquilidad de mi casa, que ya había pasado demasiado tiempo en la calle, y yo, tonta de mí, siempre lo creí, pero es que en la cama era una fiera, me encantaba la manera que tenía de hacerme el amor, siempre había algo nuevo, a veces era de una forma casi salvaje, otras era tierno como un niño, ese no saber cómo sería la próxima vez me enloquecía, así que hacía todo lo que me pedía, pero él nunca accedió a dejarme ver sus ojos y yo fantaseaba con ellos.
   Aquella fatídica mañana me levanté con ganas de pasear, así que me puse cómoda y salí a caminar, no hacía demasiado tiempo que vivía en aquella ciudad, así que quise explorar los edificios tan hermosos que todavía no había visitado, me alejé bastante más de lo previsto y quedé encantada cuando al volver una calle en una placita deliciosa, escondida entre unos grises y feos edificios había una pequeña iglesia, parecía que estuviese allí toda la vida, no soy experta pero juraría que llevaba por lo menos dos siglos allí plantada, pequeña pero majestuosa, o a mí me lo pareció, así que entré y paseé por las imágenes, la talla de la virgen de la Esperanza era preciosa y se me ocurrió pedirle un favor, necesitaba saber de quién me estaba enamorando, le pedí que aquel desconocido del que ni siquiera sabía su nombre se quitase esa máscara y me dijese quien era en realidad, si debía seguir enamorándome de él o como mi corazón me decía solo era un farsante, ya que de su vida actual nunca me decía nada y aunque en un principio aquel juego me pareció divertido, ya era hora de poner los pies en la tierra y tomar una decisión.
   Llegó la hora de la misa y pensé que no perdía nada por quedarme a escuchar el sermón, no era especialmente religiosa, pero el sosiego que se respiraba en la iglesia me ayudaba en aquel momento, me daba una paz interior que llevaba días necesitando.
   Apareció el párroco acompañado de un monaguillo, mientras el cura se arrodilló y rezó en silencio frente a la cruz de cristo, su acólito preparaba todo para la misa, el padre se giró se arrodilló y se persignó, entonces levantó la cabeza y empezó la misa.
  En aquel momento entendí los latinajos, entendí el ocultar su cara, en aquel momento quise gritar que era el mejor amante que nunca había pasado por mi lecho, en aquel momento hubiese preferido romperme una pierna y no haber salido a pasear, pero no, la virgen me concedió lo que le pedí mucho antes de lo esperado. 
   Los ojos como había imaginado eran de un verde intenso.



martes, 14 de febrero de 2017

Otro San Valentín

Hoy es 14 de febrero, dicen que es el día de los enamorados, otros dicen que es un día comercial, que son inventos del capitalismo, que todos los días deberían ser el día de los enamorados.
Voy a contar como sería según Marta un día del amor perfecto, pero que está segura que nunca va a tener, al menos eso dice.
Marta es una trabajadora incansable, fuera y dentro de casa, no sabe mandar, así que sus subordinados son felices con ella, antes que ellos lleguen ya tiene la mitad del trabajo hecho, y entre los trabajadores está su marido, nunca aceptó eso de ser su subordinado y ese malestar minó el cariño que se tenían, así que hace bastante tiempo que el día de los enamorados no tienen mucho sentido para ella, tampoco es que antes su Manolo hubiese sido demasiado detallista, pero alguna cosita se acordaba de regalarle, incluso alguna vez había tenido el detalle de reservar mesa en algún restaurante. Pero todo eso se acabó, hacía bastante tiempo que se había instalado en su casa el desanimo. Manolo ya no era el de antes, se había dejado llevar de la vida y ni siquiera por convencionalismo era capaz de dar un beso de más, sus besos estaban contados, uno por la mañana al despertar, un simple roce de labios, no sea que Marta quiera más, el otro beso del día es el de la noche, exactamente igual, parecen besos calcados, dados con esa desgana del que los da porque es lo que toca, sin nada de sentimiento, cuanto menos pasión. 
Y hoy es el día, el día de los enamorados, será como cualquier otro, un beso al despertar, sin emoción alguna, irán a trabajar, volverán del trabajo, comerán los dos uno delante del otro, la televisión puesta, por aquello de que algo de ambiente hay que tener, aunque sea sintético, después cada uno hará sus tareas y por la noche el ritual será el mismo, cena en silencio, beso sin emoción y a dormir.
Por eso siempre piensa cómo sería su San Valentín perfecto, no necesita regalos caros, o quizá los que necesita son los más caros de todos, ella con un abrazo por sorpresa tiene bastante, un beso por que sí, un te quiero a traición, sin necesidad de nada más que el sentimiento, la necesidad de decirlo, ella se conforma con un regalo que no valga dinero, un regalo de los que no hay dinero para pagarlo, un regalo que sabe que en su actual circunstancia nunca llegará...

sábado, 14 de enero de 2017

Un paréntesis en su vida

Ella era una chica normal, hasta que decidió hacer un paréntesis, a su pueblo había llegado la modernidad, y ella se sentía una chica moderna, acortó sus faldas, se maquilló con algo más que carmín y se apuntó a un taller literario, quería dar salida a su creatividad. Con la modernidad llegó gente nueva, lo qué más alboroto causó, en aquella primavera de los sesenta, fueron las motos y los moteros.
  Todo era tan nuevo, “tan americano” pensaba ella, influenciada por las películas que llegaban de tarde en tarde. Uno de ellos, el que se parecía a Marlon Brando se enamoró de ella, de todas las chicas del pueblo, el más guapo la había escogido a ella, porque ella era una chica moderna, se dijo.
  En dos meses se casaron y al llegar de la luna de miel empezaron los problemas, el guapo motero quería de ella una asistenta, y su dinero, ya que eso de trabajar no iba con él. Dos meses después y seguidos de alguna que otra paliza, siempre eso sí, por el bien del amor, llegó una separación demasiado moderna para los cánones del pueblo.
  Aquel matrimonio había coartado su modernidad, su libertad e incluso su personalidad.

Dos años después de aquello, superados los fantasmas, su primer libro obtuvo todos los premios. ¡Qué gran historia!, decían los críticos, solo ella sabía que aquella triste historia era la suya, que aquella historia había supuesto un paréntesis en su vida.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Un regalo nada navideño

Jamás pensó ser la otra, siempre dijo que eso no iba con ella, por mal que fuesen las cosas en su matrimonio, nunca imaginó poder estar en tan ingrato, o grato, papel, dependiendo desde luego del lado en que cada uno se encuentra.
La otra, que palabra más fea para definir a la persona con la que te apetece hacer el amor, con la que te apetece estar, besar, abrazar, acariciar, incluso con la que irías al fin del mundo si te lo pidiera. La persona a la que conoces cada poro de su piel, a la que le cuentas cada pestaña, a la que no te cansas de besar y con la que estarías todo el día haciendo el amor, ¿la otra? 
No voy a entrar a valorar el por qué fue la otra, cada uno tiene sus motivos y aunque deba reconocer que se lo puso difícil al final acabó siéndolo.
Está bien, ser la otra es no ser nadie, lo sabemos, máxime cuando de lo único que se trataba era de sexo, sí, confesó, estaba necesitada de sexo y surgió, como surgen las cosas en esta vida, por casualidad, una conversación tonta llevó a una amistad tonta, les apetecía estar juntos, tomaban café casi todos los días en la misma cafetería y estaban tan bien la una con el otro que una cosa llevó a la otra, y de pronto, les apeteció acariciarse las manos, un beso fugaz era un placer, los momentos robados siempre fueron los mejores del día… y digo bien, fueron.
Hablo siempre desde mi perspectiva de mujer y confidente, ellos no tienen la misma percepción de las cosas que nosotras, por eso desde un principio le dejó claro que a su mujer nunca la iba a dejar, la comodidad de lo que tenía desde hacía muchos años no la tiraría por la borda por un calentón, le dijo. Ella le respondió con algo similar, ella y su marido tampoco tenían intención de separarse, se habían acostumbrado a soportarse mutuamente y ya les estaba bien, hacían sus vidas cada uno por su cuenta y dejaban pasar los días.
Cuando parecía que las cosas estaban mejor, algo cambió, ella se dio cuenta de que él tardaba más tiempo de lo normal en saludarla, faltaba muchos días a la hora del café. Después empezaron a llegar las excusas para no verse, ella saludaba y él parecía que lo hacía de puro trámite, hasta que prácticamente dejó de dar señales de vida, dejó de contestar los mensajes, dejó de decirle las ganas que tenía de estar con ella y ella supo que había llegado la otra, ironías del destino, a la otra, la habían sustituido por otra.
Lo peor no fue eso, lo peor fue que él, el hombre por el que ella hubiese dado la vida le buscó un sustituto, ¿tan inepta la veía que necesitaba buscarle él un amante a ella? Lo reconoció en seguida, el mismo modus operandi, la misma intensidad al saludar, pero ella no era tonta, que siempre hubiese respetado el pacto de no reclamos, de no somos nada, de no nos debemos nada, no significaba que lo tuviese que sustituir y menos que se lo buscase él, cómo podía pensar que ella sería capaz de cambiarlo a él por su amigo.
Nunca le dejó entrever lo que realmente sentía, siempre le dejó llevar la iniciativa, incluso cuando mantenían relaciones le gustaba que él le dijese lo que le apetecía en cada momento, por eso se le hacía más duro aquel momento y más doloroso, no por el fin de una relación que ella sabía que tenía los días contados, pero ¿buscarle a otro? ¿Era necesario que la humillara de aquella manera? ¿Era ese su regalo de navidad?

Teresa Mateo

martes, 20 de septiembre de 2016

Paradoja

   -Mi amante ya no me quiere, y no me quiere porque cree que estoy enamorada de él, ¡qué paradoja! 
Tanto tiempo rondándome para ahora decirme que no me quieres, que nunca me quisiste, que solo era un capricho más en tu larga lista. Cuánta decepción, no sé si reír o llorar, pero desde luego algo haré en cuanto pueda asimilar este desbarajuste que embota mi cerebro y no me deja pensar. Caos, desorden, confusión, desmadre, incoherencia, así está mi cabeza desde que me dijiste aquellas palabras: Si te has enamorado esto ya no funciona.
¿Cree alguien que se puede hacer el amor durante años con una persona y no sentir nada? Supongo que tú sí puedes, yo desde luego no.
Pero no pasa nada, en unos cuantos años esto lo habré superado, espero, unos cuantos litros de lágrimas derramadas, mientras rompo en mil pedazos tu fotografía, espero que sean suficientes para borrar de mi memoria todos los besos que nos dimos, todos los abrazos que a escondidas nos prodigamos, todos los te quiero que nos susurramos.
La vida sigue, me dijiste, pero qué es la vida si pierdo el amor de mi vida, contesté intentando alargar el martirio de aquella despedida. Encontrarás a otro, seguro que mucho mejor que yo. Sonreí ante aquellas vanas palabras, yo no te busqué, pude decir antes que el nudo que cerraba mi garganta acabase por ahogarme, apareciste en mi vida como un huracán, contesté yo con la voz entrecortada, sabes bien que no te busqué, te encontré y contigo encontré fuego y agua, veneno y antídoto, agitación y calma incluso amor y odio, todo lo eras para mí, y ya no serás nada, solo un recuerdo maldito que irá secando un corazón que ya no me pertenece, justo cuando empezaba a latir de nuevo, te has llevado mi juventud, pero me has dejado experiencia, te has llevado mi alma, y de regalo me dejas hielo en las venas.
     

     


viernes, 5 de agosto de 2016

¿Quieres dormir conmigo?

    ¿Te vienes conmigo a la cama? me preguntaste un día en broma. 
    Yo quise contestar que sí, que quería dormir contigo, pero en el sentido más casto y puro que te puedas imaginar. Quise decir que sí, que quiero dormir contigo, acurrucarme a tu lado. Quiero que por las noches eches tu mano protectora sobre mi cuerpo. Quiero que veles mi sueño y me dejes velar el tuyo. Quiero despertar a tu lado, quiero que me prepares el café mientras yo hago las tostadas. Quise contestar que sí, que quería acostarme junto a ti en la cama, en un sofá o en el suelo mirando las estrellas. Quise contestar que a tu lado cualquier sitio me parecería un palacio. Quise contestar que contigo las horas se hacían minutos y sin ti infinitas. Quise contestar que iría contigo no solo a la cama, iría contigo al fin del mundo si me lo pidieras. Quise decirte que me hubiese gustado que te aprendieras el mapa de mi piel, que yo el tuyo me lo sé de memoria. Quise decirte que cada noche te invento. Quise decirte que me invento la vida contigo. Quise decirte que quiero amanecer cada mañana con una sonrisa en la cara. Quise decirte que quiero volar con el coche cantando nuestra canción. Quise decirte que quiero reír sin motivo, o que el motivo seas tú. Quise decirte que padezco un grave enfermedad, que padezco insomnio y que solo se cura durmiendo contigo. Quise decirte tantas cosas. Quise decirte que quería ver la lluvia desde la cama golpear los cristales en otoño y la nieve en invierno. Debí decirte tantas cosas. Pero no dije nada, me mordí la lengua como cada vez que nos vemos y bromeas con lo mismo. Debí decirte que para mí no es un juego. Debí decirte que en mis sueños ya me había ido a la cama contigo, que en la vida que me había inventado estás donde te quiero y te aseguro que eso no es un invento.
Teresa Mateo




martes, 5 de julio de 2016

Agonía

Agonía

Este amor es agonía
Es una piedra en el zapato de la vida
Es un largo camino entre rosas llenas de espinas
Este amor es melancolía
Es deshojar la margarita de la desilusión
Es silencio en tu mirada
Este amor es un mal recuerdo
Es buscar sin hallar
Es encontrar sin estar
Este amor es dolor
Es un cuerpo sin corazón
Es un corazón sin latido
Este amor es muerte en vida
Es silencio en lo profundo de una mirada
Es un soborno a la soledad

Este amor no es amor, si no hay amor.