domingo, 31 de mayo de 2015

Entrevista en el blog ANGELES EN LA LECTURA

Conociendo noveles: Teresa Mateo




BIOGRAFÍA


Quisiera presentarme: mi nombre es María Teresa Mateo, nací en Sabadell (Barcelona) allá por octubre 1960, por lo tanto soy de signo Libra, dicen que el símbolo del equilibrio, dejémoslo ahí.
Nunca destaqué en ningún deporte, ni fui brillante en mis estudios, aunque en mi defensa debo decir, que creo ser la única criatura en el mundo, que hace pellas en clase para irse a leer a la biblioteca.
Acabé mis estudios sin pena ni gloria, empecé a trabajar en el negocio familiar y nunca dejé de leer, ni un solo día, la lectura fue (y sigue siendo) mi pasión, hasta que empecé a escribir; Y empecé por casualidad, todo el mundo me incitaba a la locura, yo creí estar más cuerda que ellos, hasta que ganaron la batalla.
Aparte de escribir y leer, hago otras cosas: Tengo un negocio de perfumería y estética, estoy casada, y tengo dos hijos.
Mi primera novela es: OTOÑO EN LA PIEL, PRIMAVERA EN LA SANGRE
La segunda es: EN TU AUSENCIA
Las dos son de corte romántico actual, no tienen nada que ver con vampiros ni son excesivamente eróticas, aunque los comentarios en Amazon son muy positivos.


SU OBRA





Un sueño cumplido, un viaje inesperado que romperá todos los esquemas a los que estaban ligados.
Treinta años después:
Un matrimonio sin amor, un recuerdo dormido que despierta de pronto.
Unos sueños latentes, la asaltan de vez en cuando, sueños en que su cuerpo sigue sintiendo la llama del amor, sueños que están a punto de hacerse realidad.
Verlo allí de nuevo ante ella, real y tangible, superó todas sus fantasías y la sumió en la noche más oscura.
¿Realidad o fantasía? ¿Le estará jugando una mala pasada su subconsciente?
¿Será demasiado tarde para ella? ¿Podrá recuperar los años perdidos?
Un libro lleno de conflictos en que se mezclan los celos, la traición, el desamor, la venganza, con un amor para el que las fronteras no serán
suficiente.

De  venta en Amazon


ENTREVISTA




¿Cuándo comenzaste a escribir?

Empecé a escribir por azar, la crisis me dejó demasiado tiempo libre y mi cabeza siempre ha ido a cien y al estar sin hacer nada bullían en ella mil historias, así que decidí ponerlas en papel a ver como quedaban, eso sí, animada por gente que creían en mí un poco más que yo misma.

¿Cómo te definirías como escritor/a?

Como escritora me definiría romántica, me gustan los finales felices. Aunque no quiere decir que lo que escriba sea demasiado almibarado. Intento poner un poquito de intriga en lo que hago.

¿Cuando comenzaste a escribir y qué te llevó a ello?

Empecé a escribir bastante mayor, cumplidos ya los cincuenta. Lo que me llevó a ello fue como dije anteriormente la crisis, aunque también otras circunstancias. Mis amigas ven potencial en mí, me pidieron una idea para un corto que no se pudo realizar y ese corto se convirtió en mi primera novela. A partir de ahí, no he podido parar.

¿Para ti escribir es una profesión o un hobby?

Para mí escribir es un hobby, me gustaría convertirlo en profesión aunque creo que tengo muchísimo que aprender.

¿A qué público va dirigida tu obra?

Mi obra está dedicada sobre todo a mujeres de mediana edad, porque creo que es un campo en la romántica que está poco cuidado. La sexualidad a los cuarenta/ cincuenta años es tan positiva o más que a los veinte o veinticinco, se tiene más experiencia y aunque quizá las reacciones son más pausadas no por eso son menos intensas. Espero que las lectoras de cierta edad se sientan identificadas.

¿Qué escritor ha marcado tu carrera?

Escritores que hayan marcado no solo mi carrera sino mi vida han sido muchos, soy una lectora empedernida desde la juventud, así que he leído de todo. Un escritor que me marcó siendo bastante joven fue Miguel Delibes con Las ratas, también Kenn Follet con Los Pilares de la tierra o de Gustave Flauvert Madame Bobary, pero en la novela romántica me han marcado dos escritoras, Diana Gabaldon con su saga Forastera y Nora Roberts a la que por cierto me negaba a leer pensando que no era mi estilo, hasta que la descubrí y me encantó.

¿Existe algún tipo de técnica que utilices a la hora de escribir?

Pues no tengo una técnica definida, al empezar a escribir casi por casualidad me dejé llevar por mis sentimientos y fui construyendo la novela a medida que iba surgiendo en mi cabeza, lo único que necesito es tener música de fondo y dejarme ir.

¿Leer a otras autor@s de tu mismo género literario cuando estás inmerso en la creación de tu obra es positivo o negativo para la misma?

Creo que leer autoras de mi género puede ser positivo y negativo a la vez. Creo que puedes caer en el error de copiar a la autora que lees, aunque ante un bloqueo siempre puede servir como inspiración, por mi parte suelo seguir con lo que estoy leyendo en ese momento independientemente de lo que esté escribiendo.

Cuando escribes, ¿lo haces para ti mism@ o por el contrario piensas en el futuro lector?

En principio escribo para mí, pienso que si a mí no me gusta lo que hago, difícilmente le va a gustar a un futuro lector.

Por último, cuéntanos un poquito más sobre tu obra.


Bueno, mi obra es bastante corta, solo he escrito dos novelas y estoy inmersa en la tercera, como dije antes son de corte romántico y dedicada sobre todo la primera a personas maduras. 


jueves, 14 de mayo de 2015

Ella frente al espejo

Ella se ha mirado al espejo, era un día como otro cualquiera, pero hoy se ha mirado al espejo. Un día que no tenía nada de especial, después de la ducha matutina se ha visto el pelo demasiado largo, ya tengo una edad se había dicho. Ha cogido unas tijeras y se lo ha cortado, se ha puesto leche hidratante en el cuerpo y se ha vuelto a mirar al espejo, es algo que no suele hacer, sabe que no es guapa y por mucho que le digan que la belleza está en el interior, no cuela, pero sin saber por qué, hoy se ha vuelto a mirar al espejo.
Ayer le habían regañado por vestir siempre de negro ¿Por qué motivo? le preguntaron, bueno, pues porque estiliza ¿Por qué si no?
Está bien, ha pensado, vestiré de claro, blanco como le habían aconsejado no tenía nada, ella no se veía con un color tan puro, ella no lo era, no era ni mejor ni peor que las demás, tenía muchas cosas en la mochila que nunca podría confesar.
En crudo sí, en crudo tenía un conjuntito de hacía unos cuantos años, ya que como solía ir de negro, allí seguía esperando que llegase el día de su estreno.
Y volvió a mirarse en el espejo, bueno, los kilos estaban allí, con blanco o con negro esos no bajan, al mirarse de nuevo al espejo, pensó que podía acentuar un poquito más el maquillaje, salir un poco de la rutina del rimmel y el brillo de labios.
De nuevo se miró al espejo, no sabía qué le pasaba pero no podía dejar de hacerlo. No se vio tan mal como pensaba, a lo mejor tenían razón aquellas personas que ayer le dijeron que tenía que ser ella la primera en verse bien, seguía sin ser guapa pero...
Cogió la chaqueta, el bolso y salió, otra vez se miró al espejo en el ascensor. Tenía la impresión que aquel iba a ser un día diferente, él la llamaría y esta vez, cuando le dijese: ¡Hola guapa! no se iba a enfadar, se había propuesto sentirse guapa por él, se había propuesto adelgazar por él, se había propuesto tantas cosas por él.
Pero de nuevo, con espejo o sin espejo, aquel iba a ser otro día sin él.




lunes, 13 de abril de 2015

ELLA



Ella es normal, completamente normal.
Ella es una mujer de su tiempo, trabajadora dentro y fuera del hogar.
Ella es fuerte, todos la buscan. Cuando necesitan ternura, cariño, dulzura o simplemente un consejo, ahí está ella.
Ella es íntegra, honrada, justa, nunca hizo nada que no debiera, siempre fue intachable. Para todo el mundo, un modelo a seguir.
Ella está para todos... pero nadie está para ella.
Menos hoy. Ella, hoy no quiere estar para nadie.
Ella hoy no quiere ser normal.
Ella hoy se ha cansado de ser fuerte, de ser el paño de lágrimas al que todos acuden.
Ella hoy quiere dejar de ser íntegra, de ser honrada, en una palabra ella quiere dejar de ser anónima.
Ella quiere vivir su vida, no la vida de los demás.
Ella quiere que la acojan con una sonrisa.
Ella quiere dejar de ser invisible.
Ella quiere que la reciban con besos.
Ella, solo quiere dejarse querer.


Espalda de mujer pintada por Christoffer Wilhem, clasicismo

viernes, 16 de enero de 2015

Sinopsis, En tu ausencia

En tu ausencia

Sinopsis

Dunia se levantó una mañana y su marido había desaparecido. 
Arnau sacrificó su libertad por salvar a su familia. 
Desde que su marido desapareció, Dunia se sintió perdida. Volcó todo su amor en su pequeña hija, Ona, que en poco tiempo desarrolla una enfermedad y muere. 
Desde que Arnau desapareció y Ona murió, su vida dejó de tener sentido.
Intentó rehacer su vida, cambió de residencia y por fin encontró trabajo, para nada pensó que su jefe se enamoraría perdidamente de ella, el problema era que Dunia se sentía incapaz de volver a enamorarse.
Después de mucho insistir, Dunia da una oportunidad a Santiago, su jefe. Justo en el momento en que Arnau reaparece, creando una tempestad en la vida de Dunia.
Arnau se presenta explicándole un cuento sobre un secuestro ¿será verdad? O ¿solo un ardid para que le perdone su larga ausencia?
¿Cómo podía imaginar Dunia, que Arnau había sido arrastrado contra su voluntad a Belize? ni en sus peores pesadillas lo creería.


http://www.amazon.es/En-tu-ausencia-Teresa-Mateo/dp/1503369498/ref=tmm_pap_title_0

martes, 26 de agosto de 2014

Diario de mis días de playa


1er día de playa.
Amanece el día nublado y gris aunque con buena temperatura. El mar a las nueve y media de la mañana está desierto, doy fe de ello con unas fotos. Ni un solo parasol está abierto esperando que el sol lo invada para poder ofrecernos su sombra generosamente.
Estamos en la playa hasta las once como todos los días. Me gusta bajar a la playa cuando nadie me molesta, puede parecer egoísta por mi parte, pero he llegado a una edad en que me gusta disfrutar de la comodidad que me otorga la veteranía. Últimamente me molestan las aglomeraciones, así que prefiero madrugar y en cuanto empieza a llegar la gente con los niños, los abuelos y los perros; una servidora se quita de en medio.

2º día de playa
Por fin amanece un día de sol espléndido, o no tanto jajaja. Son tantas las ganas de tener un radiante día de sol que no me fijo en las nubes que amenazan en lontananza. Como siempre llegamos temprano, plantamos la silla, el parasol y la toalla. El parasol será por poco rato, hace un viento bastante desagradable y parece que va en aumento. Tanto que en unos momentos la sensación es de que estamos en Tarifa (mi marido dice que soy muy exagerada), las olas son tan enormes que se podría hacer surf. Hemos decidido que caminaremos, haremos un poco de ejercicio y que las olas laman nuestras doloridas piernas con su agradable masaje. Hace unos años los ayuntamientos arrebataron unos cuantos metros al mar, ahora es el mar el que se quiere cobrar la deuda. Antiguamente era una cala estupenda a la que tan solo acudíamos los vecinos, con las supuestas “mejoras” unieron varias calas, las cuales dieron paso a una playa larga y enorme que unía varios pueblitos de la costa tarraconense. Ahora el mar se quiere cobrar lo que es suyo, poco a poco se va llevando las toneladas de arena que le sustrajeron y empiezan a asomar las rocas que daban acceso a las calas. De momento se ha quedado en la mitad y salen algunas de las rocas en que nos sentábamos otrora en las soleadas mañanas, muy frecuentes en el invierno mediterráneo, a leer y ver como los niños jugaban en la arena.

3er día de playa
Imposible bañarse. La noche trajo consigo una tormenta espantosa. Pasamos casi dos horas sin luz y eso que dicen que estamos en el siglo XXI. Nos acostamos temprano ¿qué otra cosa se puede hacer en la más absoluta oscuridad? Bueno, aparte de eso que estáis pensando y que en mi caso como diría el ínclito y ex venerable Pujol “Hoy no toca”
Bajar hemos bajado a la playa. Pensábamos cuanto menos caminar, de bañarnos desde luego nada de nada. El oleaje era cada vez más fuerte, así que caminaremos, nos hemos dicho. Y así a sido, hemos tomado playa arriba y al llegar a una punta hemos vuelto playa abajo. Por un momento hemos parado a contemplar el oleaje que ha pensado que le teníamos miedo al agua y ha decidido que no hacía falta que entrásemos en el mar, por si mismo se ha encargado de enviarnos una ola tan grande y furiosa que prácticamente nos ha engullido. Sin necesidad de meterme en el agua he tragado agua salada y con sabor a pescado podrido, ya que el oleaje de la noche había arrastrado infinidad de algas, piedras y suciedad de todo tipo. He de reconocer que ha sido divertido, nos hemos reído como hacía tiempo.
Toda la tarde lloviendo.

4º día de playa
vuelve a amanecer un día nublado, pero a diferencia de los anteriores, hoy hace frío. Como buenos comerciantes han sacado ropas de abrigo a los escaparates.
Hemos decidido hacer turismo, como todos los años hemos ido a pasar el día a El Roc de san Gaietá, un sitio precioso. Es un pueblo enclavado en una roca que sobresale por encima del mar. Sus callejuelas son angostas y está cerrado al tráfico, bueno es que lo único que podría circular por sus calles sería una bicicleta. Como he dicho hace frío, llevaba un foulard en el cuello y con él me he confeccionado una especie de blusa, arcaica pero con buen resultado, anudando los cuatro picos, he pasado los brazos por los nudos y me he cubierto con ello la piel de gallina que el aire y la llovizna me ponían.
Por la tarde hemos paseado por El Vendrell, hemos visitado la librería de siempre. Este año con la crisis tan solo hemos comprado un libro (otros años no bajaban de cuatro o cinco), yo me entretengo corrigiendo el mío. Por fin lo terminé pero claro está ahora toca pulir muchas cosas.

5º día de playa
Por fin un día de sol espléndido, bajamos a la playa y nos encontramos el eterno problema de estos días. La playa va recuperando poco a poco su espacio y las tormentas de estos días pasados la han ayudado en su tarea. Los ayuntamientos quieren ganancias y no se dan cuenta que la naturaleza es generosa pero hasta cierto punto. Los metros recuperados han hecho un corte en la arena y es prácticamente imposible llegar al agua sin rodar para podre salvar el escalón que se ha formado. Otro impedimento son las toneladas de algas acumuladas con su asqueroso aspecto y nauseabundo olor. ¿qué ha sido de mi playita? Aquella cala que hace veinte años me enamoró ha dejado paso a un vertedero, no todo son algas, para aumentar la playa tiraron cantidades industriales de piedras que ahora al faltar la arena destrozan los pies de los bañistas.
Mañana si luce el sol nos iremos a bañar al Roc, menudo negocio. Te compras un apartamento al lado de la playa y tienes que coger el coche para ir a la de al lado porque en la tuya es imposible bañarse.

6º día de playa
Los amaneceres están siendo igual todos los días; nublado , viento y ambiente desapacible.
Hoy nos hemos decidido a ir al Roc a la playa. Por lo menos en esa playa no hay piedras para entrar al agua. El problema esta vez ha sido el viento que remueve el oleaje de mala manera. A consecuencia del dichoso viento hay mucho oleaje y esta revuelta y sucia. No tan sucia como en El Francas, pero desagradable al fin y al cabo.
La cala de el Roc es preciosa, me recuerda mucho la cala que teníamos antes de que al ayuntamiento le diera por hacer sus experimentos. La arena sigue siendo fina y agradable al tacto de los pies, caminar es un lujo por ella.
Internándose en el mar hay unas rocas estupendas para sentarse a leer mientras el agua masajea las piernas y las vistas son excelentes. Me parece retroceder veinte años atrás a los primeros años en que teníamos una cala casi particular, siento que vuelvo a estar en mi playa.
La nota trágica la puso un accidente. Al volver a casa nos encontramos con un triste accidente de tráfico, un coche se había empotrado debajo de un camión, en las noticias dijeron que el conductor del vehículo había resultado muerto. He estado toda la tarde con las imágenes en mi retina D.E.P.

7º día de playa
Bueno dejémoslo en día jajaja. La playa ni verla. Como ya es habitual amanece nublado, así que hemos ido a comprar carne y sardinas y haremos una barbacoa. De alguna manera hay que pasar el tiempo.

8º día de playa
Seguimos igual con la variante de que ha bajado la temperatura. Son las cinco de la tarde y en todo el día no ha asomado ni un rayito de sol, loa chaqueta me la quito y me la pongo. Estoy en el porche redactando este diario y según como me viene el aire se me pone piel de gallina, entonces me pongo la chaqueta por los hombros hasta que al momento me da calor y la tengo que quitar. Está siendo un verano de locos. Aunque parezca mentira casi echo de menos mi rutina del día a día. Sin poder ir a la playa pasamos el día entre pinturas y limpieza a fondo del apartamento, paseos al atardecer y poco más, en cierto modo es aburrido. Sin conexión a internet ni watssap estoy completamente desconectada. Al principio muy bien pero después de casi dos semanas echo de menos a mis amigas, a mis clientas y los dos capítulos de Outlander que me esperan cuando llegue a casa. He vuelto a leer el libro, así aunque la serie sea en inglés puedo seguirla perfectamente y lo cierto es que después de ver como cinco veces el primer capítulo tengo mono de más. Jamie está genial, tal como lo imaginaba cuando leía la novela, adorable.

9º día de playa
Sencillamente no hay playa. En las noticias han dicho que a partir de la semana que viene vuelve el verano... genial, el lunes empiezo a trabajar.
A la una de la tarde sigue nubladísimo, tan solo uno de los vecinos se atreve a darse su chapuzón diario, llega de la playa y se ducha en las duchas con un agua que clama el cielo de lo fría que está.

10º día de playa
Resignación, es la única palabra que se me viene a la cabeza. En las noticias lo único que dicen es que se avecinan más lluvias. Esta noche ha sido espantosa, llovía de forma torrencial. Me he levantado de la cama a las tres de la mañana para bajar el toldo, cerrar la ventana y arrimar la mesa y las sillas a la pared, la cortina de agua que caía era impresionante... otro día más sin playa que h'i farem. Esperando que lleguen los chicos, como quieran ir a la playa a lo mejor se arrepienten y no vienen debido al mal tiempo. A ver que deciden.

11º día de playa
Llegaron los chico y llegaron para quedarse, con tantos en casa tampoco podemos ir a la playa
parece de locos, pero hoy hace sol. Ya da igual mañana nos volvemos para casa, las vacaciones se han acabado. Espero que los días que estén los chicos (léase hijo y nuera) por lo menos disfruten del sol que a mi se me ha negado en rotundo.

Habrá que esperar al año que viene.






jueves, 31 de julio de 2014

Feliz aniversario

Feliz aniversario querida.
Fue la frase con que me despertó mi marido la mañana de nuestro aniversario de bodas. Son muchos años ya y claro está, la convivencia se vuelve algo monótona si no se le pone un puntito de sal. Así que me quedé sonriendo pensativa y esperando que la felicitación no se quedase en la simple frase hecha.
Mi sorpresa fue mayúscula cuando me invitó a levantarme aduciendo que teníamos que hacer muchas cosas aquel día.
Seguimos con más sorpresas, una limusina me esperaba en la puerta de casa para llevarme a la peluquería, el salón de belleza y a comprar un hermoso vestido para la cena. Dios mío ¿qué era todo aquello? Mi marido se había vuelto loco, esta vez sí íbamos a celebrar un autentico aniversario. 
No contento con todo esto, a la hora de la cena un avión privado nos esperaba para ir a cenar a París. Mi querido marido había llegado antes para sorprenderme en el hangar con un enorme ramo de rosas. Fragantes y delicadas rosas de un terciopelo granate embriagador.
Fuimos a un restaurante que previamente había hecho cerrar para la ocasión. El chef, uno de los mejores en este momento, se avino a cocinar solamente para nosotros. Estaba alucinada, no era capaz de cerrar los ojos, aquello era algo tan inesperado en mi marido, que estaba emocionada Él que nunca había sido especialmente detallista conmigo, esta vez se había descolgado con todo el repertorio.
Después de la cena, había reservado una habitación de hotel. La suite en cuestión daba al centro mismo de París, completamente iluminada y hermosamente vestida de un manto de hojas secas, tan otoñales como nuestra edad. Por eso era tan sorpresivo todo aquello, por fin se daba cuenta mi señor esposo que la relación se tiene que cuidar, que no todo es amasar una fortuna y dejar que la esposa se pase el día en el club o haciendo obras de caridad.
A pesar de no carecer de nada, me faltaba todo y por fin mis ruegos habían sido escuchados.
Mi marido se había volcado en hacer realidad un sueño romántico para mí... adorable.

Adorable, hasta que llegué a casa. Mi marido me acompañó hasta la puerta y una vez allí se despidió con un escueto beso. La sorpresa estaba en la mesilla del recibidor... En forma de notificación... En el recibidor me esperaba una demanda de divorcio.
Al día siguiente de nuestro divorcio se casaba con su mejor amigo.
Teresa Mateo



miércoles, 23 de julio de 2014

En tu ausencia

Arnau y Dunia

Os invitan a leer el primer capítulo de mi nueva novela 
espero que os guste.





 —No Dunia, lo siento, pero no ha llegado el ingreso de este mes. —Me decía Anna, la empleada del banco, una joven de aspecto cansado, que intentaba ser amable con todo el mundo, aunque a veces se notaba, que se le hacía bastante cuesta arriba lidiar con los clientes, sobre todo, después de los últimos acontecimientos relacionados con los problemas que tenían, debido a la crisis financiera y la falta de escrúpulos por parte de algunos bancos, tenían a los clientes en uñas por la mala praxis de algunos directores que habían enredado incluso a sus clientes “preferentes”, sobre todo gente mayor que se fiaba de ellos porque los conocían de toda la vida. 
 —¿Puedes volver a comprobarlo? Por favor... — le rogué.
 —Es que, por muchas veces que lo compruebe, si no ha llegado no puedo hacer nada, de veras, créeme que lo siento, pero este mes parece que se retrasa el giro, ¿por qué no llamas a la persona que te hace los ingresos? Igual te puede dar una explicación del por qué del retraso. —Contestó amablemente en un intento de quitárseme de encima. La cola que se había generado detrás de mí era notoria, principalmente, después de los problemas que estaban teniendo los bancos por la falta de capital activo, todo el mundo quería sacar su dinero o pedir explicaciones sobre sus inversiones, de ahí el aspecto de gótica de la joven cajera, las ojeras no las podía disimular ni siquiera con quilos de corrector. 
 —Si quieres déjame el teléfono de contacto de la entidad y trato de averiguar más tarde.
 —No, no te preocupes, no es necesario. –Respondí con impotencia.
Aquella demora era muy anormal, desde que mi marido nos abandonó a mi hija y a mí, tengo que reconocer que la pensión que nos pasaba nunca se había retrasado un solo día, por eso estaba extrañadísima, que hubieran pasado ya diez días, desde primero de mes, que era el día en que siempre llegaba  el dinero a mi cuenta y no hubiera ni un triste mensaje acerca del por qué del retraso.
Salí de la sucursal bancaria con desasosiego, no me quedaban ni veinte euros en el monedero y era todo mi capital, desde luego no pensaba pedir ayuda a mis padres, lo juré y sería capaz de pedir en una esquina, antes que darles el gusto de que supieran la situación tan precaria en la que me encontraba.
Volví a casa con el cesto de la compra vacío, pensando en qué podía haberle pasado.

La noche anterior a su marcha no me di cuenta, pero se estaba despidiendo de nosotras, estuvo especialmente cariñoso con Ona, nuestra hija, hicimos el amor, sin yo saberlo como lo que era... la última vez, con una entrega y una pasión que no me tenía acostumbrada, vivíamos en casa de mis padres y me molestaba mucho que se dejase llevar, siempre aprovechábamos cuando no estaban para hacer el amor a gusto, mientras tanto, procurábamos no hacer ruido y aquello minaba nuestra intimidad, por eso entonces no aprecié realmente lo que querían decir sus palabras, sencillamente me pareció la mejor noche de mi vida, después lo comprendí... me dijo que nunca me dejaría de querer, pero que le era imposible convivir con mi padre, me decía Arnau, aunque no era la primera vez que se lamentaba de nuestra situación. 
Mercè, mi hermana mayor, cuando se casó, se desentendió de la familia, siempre había sido un poco díscola, en una familia de lo más tradicional como era la nuestra, ella sencillamente no encajaba, se casó muy joven solo por salir de casa sin provocar un nuevo escándalo, el hombre que escogió tan hippie como ella, se avino a sus caprichos, se fueron a vivir a Ibiza, a una especie de comuna donde vendían productos de artesanía hechos por ellos, solo se acordaba de nosotros cuando no tenían para comer, entonces llamaba toda llorosa y diciéndose arrepentida, para que mi padre le hiciera un giro, que le hacía sin pedir demasiadas explicaciones y dando gracias a Dios porque no habían querido tener hijos, en esas circunstancias yo le prometí a mi madre que no la dejaría sola con mi padre, un hombre que se culpaba de no haber sabido educar a su hija mayor y no quería cometer el mismo error con la pequeña, o sea conmigo, el carácter se le había agriado de tal manera que últimamente, solo servía para mandar y que se lo hicieran todo, para después quejarse de todo lo que se le hacía.

Mi padre nunca vio con buenos ojos nuestra relación, así que apenas cumplí la mayoría de edad me casé, pensaron que se repetiría la historia de mi hermana. A mi familia casi les da un síncope cuando les dijimos que nos habíamos casado en el juzgado, eso jamás me lo perdonaron. 
Por otro lado, tampoco les gustaba la diferencia de edad. No es que tuviera importancia para mí, pero con mis dieciocho años, un hombre rondando la treintena, decían que no era lo más adecuado. Tampoco ayudaba el que no tuviera familia, según ellos ¿quién nos iba a dar referencias suyas? Todo era negatividad por su parte, no veían lo enamorados que estábamos, lo feliz que era yo cuando estábamos juntos y tampoco veían que tenía una mente brillante, que siempre tenía algún proyecto en cartera, era médico aunque se había decantado por la investigación, y le apasionaba su trabajo, había algo en su interior que lo mantenía siempre ansioso por encontrar soluciones y novedades, que pudieran ayudar a los médicos a erradicar las peores enfermedades. 
Lo peor vino cuando les dije que estaba embarazada, era una invención mía, pero a su vez era la única forma que se me ocurrió para que aceptasen de una vez que estaba casada con él.
Se ganaba bien la vida y no quería que dependiéramos de mi familia, tenía un piso alquilado cerca del hospital, quería que viviésemos allí, en eso me negué rotundamente, había prometido que no dejaría solos a mis padres y pensaba cumplirlo, aunque me costara la vida, le dije.
Como no era capaz de negarme nada, se avino a vivir en la casa familiar, al fin y al cabo era una casa grande y no teníamos por qué vernos demasiado con ellos, hicimos el traslado de sus enseres personales y unas pocas pertenencias, ya que el piso lo había alquilado con muebles y todo lo necesario, de modo que hubo poco que trasladar. Cuando tuvimos todo listo le dije que teníamos que darnos prisa en encargar un bebé, que no quería que mi padre hiciera cuentas y descubriese la mentira de mi embarazo.
 —Dunia, por favor no vuelvas a mentir a tus padres y menos en esas cosas, además ¿qué va a pasar con tu carrera? —me reprendió.
 —Por mi carrera no te preocupes, creo que seré capaz de compaginar las dos cosas, quererte a ti y estudiar. —Volvía yo a las carantoñas intentando que de ese modo, olvidara todo lo que no tuviera que ver con hacerme el amor y encargar el bebé. 
 —Está bien, no sé que me das, pero siempre consigues lo que quieres de mí. —Contestaba mientras nos besábamos y empezábamos a recorrer nuestros cuerpos con las manos, con la mirada, con aquella necesidad que teníamos el uno del otro, entonces nada importaba, nos dejábamos caer de cualquier modo, riendo, suspirando, volvíamos a hacer el amor y las cosas materiales dejaban de importar.
 —¿Crees que lo habremos encargado ya?— le decía yo toda mimosa.
 —Podemos probar otra vez, solo por si acaso. —Me contestaba riendo y empezando de nuevo, aquello era como estar en el cielo y tocando las estrellas. 
Habíamos acondicionado dos habitaciones en la parte superior de la casa y prácticamente no salíamos de allí, mi padre no quería ni verme, por lo menos de momento y mi madre intentaba mediar entre unos y otros, así que cuando mi madre quería saber algo, subía a nuestro cuarto y, si Arnau estaba trabajando, se quedaba conmigo y charlábamos de mi padre, de mi hermana, tomábamos café y todo iba más o menos bien, no ocurría lo mismo cuando estaba mi marido conmigo, le echaban la culpa de todo, le recriminaban falta de madurez, comentaba mi madre, para arrastrar a una jovencita a un matrimonio, que no nos llevaría a ninguna parte según ellos.
 —De veras que la entiendo —le decía él— pero entiéndanos a nosotros también, nos queremos y eso debería ser todo para ustedes.
 —¡Pero si es una criatura! —volvía con lo mismo mi madre— y ahora embarazada, ¿en qué estabas pensando?.
 —¡Mamá por favor! Eso no ha sido cosa suya solamente, creo que he formado parte del proceso —me enfadaba yo, cada vez que salía con el tema.
 —¿Tú? Tú eres demasiado joven y no sabes nada de la vida, por eso te has dejado embaucar por “este”— decía ella despectivamente, señalando a Arnau con un gesto de cabeza y clavándole una mirada inquisidora.
Aunque solía ser algo más tolerante que mi padre, para nada aprobaba nuestra relación, ya que mi padre ni siquiera tuvo la delicadeza de subir a ver como habían quedado las dos habitaciones que nos “dejaron” para vivir, sus comentarios eran hirientes para con mi esposo.
Para que todos estuvieran contentos y además por que era mi sueño, retomé mis clases de enfermería, mis padres de nuevo se pusieron las manos en la cabeza.
 —¿Cómo vas a estudiar si estás embarazada? ¿Qué pretendes que te cuidemos nosotros la criatura? —me hacían una pregunta tras otra, una recriminación tras otra, pero que yo soportaba estoicamente con tal de que Arnau no se enterase.
Con el paso del tiempo se hizo evidente que el embarazo no era tal, habían pasado seis meses desde que diera en mi casa la noticia y ni siquiera tenía un poquito de tripa, mi madre empezaba a sospechar que algo pasaba. Una tarde cuando volvía de la universidad me cogió en la entrada y me arrastró a la cocina.
 —Dunia, quiero hacerte una pregunta y quiero que me contestes con sinceridad ¿no estás embarazada, a qué no?.
 —Pues mamá, no lo estaba pero ya sí, tengo un retraso y me he hecho la prueba, ha dado positivo —contesté feliz.
 —Sabía que no lo estabas ¿por qué nos engañaste?.
 —Por que no me dejabais casarme con Arnau y, ya ves, no es tan malo como vosotros pensáis, sabes mamá, cada día que pasa, estoy más contenta de haberme casado con él, y además si sigo estudiando es por que él me pidió que no lo dejara, deberíais darle las gracias.
 —Esto es el colmo, que le demos las gracias, ¿por qué? ¿Por haberte dejado sin juventud? ¿Por hacerte madre tan joven? ¿Por no saber ni quién es? Pues sí, sí que tenemos cosas que agradecerle —siseaba mi madre demasiado ofuscada para entenderme intentando no alzar demasiado la voz,  para que mi padre no se enterase de la discusión.
 —No mamá, solo por lo feliz que me hace y, que sepas, que lo de ser madre ha sido idea mía, me muero de ganas de darle un hijo y por fin ese sueño se hará realidad, si no te parece bien buscamos casa y nos vamos, así no tendrás que verlo —amenazaba yo, sabiendo que no me dejaría que me fuese y menos ahora que iba a ser abuela.
 —No era esto lo que yo quería para ti —me decía, mientras miraba al cielo poniendo los ojos en blanco, mientras recordaba a la díscola de mi hermana.
 —Pero es lo que yo he escogido, y creo que tengo derecho a decidir mi futuro.
Acabé la conversación como tantas veces, escabulléndome escaleras arriba y dejando a mi madre con la palabra en la boca, me sabía de memoria el sermón, cada día era más de lo mismo, por eso no podía dejar que Arnau se enterase de lo poco que lo querían, me desgarraba el alma, que con lo bien que se portaba con ellos, no tuviesen nunca una palabra amable para él.


Llevaba más de una hora sentada en la cocina, no sabía por qué en este instante tenía que recordar los buenos momentos que habíamos pasado juntos, ¿por qué? Si al final lo único real era su abandono, cuando creí que estábamos tocando el cielo con las manos, sencillamente desapareció.
Ahora tocaba hacer frente a la realidad, esta vez había acabado con el único nexo que nos unía, a lo mejor se había enterado de la muerte de Ona, sí, debía ser eso, era a mí a quien ya no le interesaba mantener, por eso no podía hacer otra cosa que preguntarme ¿por qué? Por qué se había ido sin darme una explicación, sin una carta, sin ni tan solo un correo electrónico.
Cuando desapareció, pensé que le había pasado algo, un accidente o algo parecido. Llamé a los hospitales, a la policía, nadie fue capaz de darme razón de su paradero, pasados unos meses comprendí que había sido abandonada, que si él no quería que lo encontrase, jamás lo encontraría… y los pocos cimientos que aun se mantenían en pie, se derrumbaron estrepitosamente.
Ona, lo único que me quedó de él, mi pequeña Ona, tan linda con aquellos ojos verdes tan intensos y tan vivos como los de su padre, aunque estaba tan enfermita. Acabé la carrera por ella, aunque me costó mucho esfuerzo, porque necesitaba hacer algo por mi niña, cuando su padre nos abandonó, su enfermedad aún no estaba del todo diagnosticada, era una niña frágil pero se desarrollaba dentro de la normalidad, le costó caminar un poquito más de lo habitual, pero allí estábamos nosotros para ayudarla y levantarla cada vez que se caía, no nos dimos cuenta que sus caídas quizá eran demasiado frecuentes, en eso, el único que realmente reparó en ello fue mi padre, que aunque decía que no le gustaban los niños y delante de nosotros se cuidaba mucho de hacerle ni una triste caricia, cuando estaba a solas con ella se desvivía, así que fue el primero en llamar la atención sobre la poca fuerza que la niña tenía en las piernas, se lo dijo a mi madre, a mi hacía tiempo que prácticamente, había dejado de dirigirme la palabra, si seguía en aquella casa era por la promesa de no dejar sola a mi madre con aquel cascarrabias, que aunque hubiese renegado de mí, no dejaba de ser mi padre y yo no podía dejar de quererlo.
Con el paso del tiempo la niña también dejó de crecer al ritmo normal para su edad, casi nunca tenía hambre y era raro el día que no sufría de dolores intestinales o tenía vómitos, así que el pediatra me remitió a los especialistas; en un principio no sabían que podía pasarle y empezaron a hacerle pruebas, estaba desarrollando una enfermedad que en los mayores solía ser bastante dura, pero que una criatura tan pequeña y frágil no podría resistir. Tenía la enfermedad de Crohn, normalmente no tenía por que ser mortal, pero mi niñita era menuda y muy pequeña, apenas tenía cuatro añitos. 
Su padre nos acababa de dejar solas, ella preguntaba mucho por él y yo ya no sabía que decirle, aunque no se encontrase bien, si me veía triste me acariciaba la cara con una madurez inusual en una criatura tan pequeña, pero mi Ona era especial en todos los sentidos, mi angelito no pudo cumplir los seis añitos se me fue cuando faltaban pocos días para su cumpleaños, entusiasmada por que le había prometido que haríamos una gran fiesta.
De repente me sentí tan sola, los seres humanos aspiramos a amar y ser amados, la soledad en aquel momento, para mí, era como una enfermedad.
Las noches eran interminables, aunque no quisiera, cada vez que cerraba los ojos tenía pesadillas, los monstruos de mis sueños me despertaban diciéndome que no servía para nada, que por eso me habían dejado, mi marido ya no me quería y a mi niñita no supe cuidarla, era una mala esposa y una mala madre, entonces me estremecía y me despertaba bañada en sudor, con el pulso acelerado y el corazón queriendo salir de mi pecho porque, seguramente, tampoco era su sitio, mi mente se convertía en un hervidero de especulaciones y ya no podía volver a cerrar los ojos en toda la noche y así, un día tras otro, sin que mi mente le diera tregua a mi alma.
Al faltarme los dos amores de mi vida, creí morir, en mi casa sentía más soledad cuando estaba acompañada que cuando me recluía en mi habitación, así que tomé una determinación, aunque era consciente que faltaría a mi promesa, empecé a plantearme en serio lo de independizarme, me buscaría un sitio donde vivir sin tener que depender de mis padres, y así no tener que escuchar sus reproches.
 —¿Ves Dunia, como yo tenía razón? Ni para hacer un hijo fue hombre tu marido, hasta la semilla tenía dañada —argumentaba mi madre cada vez que tenía la oportunidad—                                  aunque  no lo quieras reconocer, tu padre tenía razón hija, ese malnacido te ha desgraciado la vida —continuaba, hasta que yo me escabullía escaleras arriba y me enclaustraba en la intimidad de mi dormitorio, cuya soledad era menos dolorosa.
No es que lo dijeran con mala intención, es que no encontraban otra manera de que me olvidase de Arnau, no se daban cuenta que con eso, solo conseguían el efecto contrario. Así que fingía darles la razón y procuraba estar el mayor tiempo posible fuera de casa, trabajaba en un hospital y hacía todos los turnos que podía, hacía todas las suplencias que me pedían y hasta que no estaba extenuada, no volvía a casa, por eso fue que  tomé la decisión de buscar piso, con la pensión que me enviaba Arnau y lo que yo ganaba tenía suficiente para vivir, sin demasiados lujos, pero con comodidad.
Mi marido nunca volvió a dar señales de vida, pero eso sí, sin haber pasado por abogados ni juzgados de ninguna clase, puesto que no volvimos a vernos, por su cuenta ingresaba un dinero en la cuenta que habíamos tenido en común, en un principio me negué a aceptar un céntimo suyo, pero con el agravamiento de la enfermedad de Ona, me vi obligada a usarlo, los especialistas eran muy caros y no me resignaba a que alguno pudiera tener la solución al problema de mi pequeña, así que los ahorros se fueron con ella.
Aquello me sumió en la desesperación y llevó a mi madre a invitar hombres a casa como si conocer hombres me pudiera hacer olvidar lo que había pasado.
 —¡Mamá, por favor! Cómo quieres que te diga que no quiero conocer a nadie más, por muchos hombres que me presentes no voy a salir con ninguno, que lo sepas. –Decía yo categórica.
Todas sus amigas con hijos solteros desfilaron por mi casa, cómo no, acompañadas de sus retoños, por no ser grosera me quedaba a saludar y a los cinco minutos me escabullía con el pretexto de un terrible dolor de cabeza, cosa que desesperaba a mi madre.
Llegó un momento en que no pude más, entre los reproches hacía Arnau y el desfile de hombres que se sucedía cada fin de semana, me sentía como las señoritas victorianas, que acudían al baile a encontrar marido y las exponían como si de una mercancía se tratase, por mucho que se esforzase mi madre en mostrarme en sociedad, yo no estaba dispuesta a aceptar sus imposiciones, aquella fue la gota que colmó el vaso, aunque nunca fue mi intención, faltaría a mi promesa, estaba decidida, me marcharía de casa.
Cuando por fin decidí independizarme de mis padres —debí hacerlo cuando me casé— alguna compañera me ofreció compartir piso, pero no me sentía capaz todavía de hacer vida social, no había salido de mi casa para estar en la misma situación, yo era joven y sin falsa modestia, no estaba mal, me decían que si me arreglase más, me parecería mucho a Angelina Jolie, a mí nunca me había gustado demasiado esa mujer, pero mirándome bien, sí que teníamos cierto parecido, yo era bastante alta, delgada, con una melena oscura y ondulada cayéndome por la espalda, los ojos negros y grandes y una boca carnosa, que hacía que algunos hombres no pudieran sustraerse de decirme algún piropo, muy propio sobre todo de los mayores ociosos.
Había alquilado un piso cerca del hospital y me trasladé allí con lo poco que tenía, nunca había necesitado demasiados enseres, al estar en mi casa, solo necesitamos de un dormitorio, el resto no era preciso, la casa de mis padres estaba equipada con todo lo necesario, y más, Carmen,  la señora que venía todos los días para ayudar en las tareas domésticas, siempre se quejaba de la cantidad de cosas inútiles que tanto mi padre como mi madre acopiaban, decían que eran recuerdos sentimentales, pero lo único que hacían era acumular polvo y dar trabajo a la hora de mantener pulcra la casa.
Lo único que me llevé de mi antiguo domicilio fue lo que era realmente mío, el dormitorio, no quería desprenderme de él, ya sé que la nostalgia no es buena, pero en aquella habitación, fuimos inmensamente felices Arnau y yo, por eso cuando me iba a dormir tenía la sensación de que una parte de él estaba allí conmigo, el resto del mobiliario consistía en una mesa de cocina y una silla, por el momento no necesitaba nada más.
Habían pasado dos meses desde mi mudanza y el pequeño apartamento, apenas tenía cuarenta y cinco metros cuadrados, estaba casi tan vacío como el primer día, de pronto me vi, teniendo que pagar un alquiler y en el paro, aquello era rocambolesco, mientras no tenía tiempo para trabajar, tenía todas las suplencias habidas y por haber, ahora con la crisis, nadie se tomaba días libres por su cuenta y habían recortado personal, la consecuencia fue el despido, como nunca había podido hacer un horario fijo no estaba contratada directamente por el hospital, lo que hacía eran suplencias para una empresa de trabajo temporal, así que ni paro tenía.
La situación era realmente desesperante, pero lo que tenía seguro era que a casa de mis padres no pensaba volver. De vez en cuando mi madre me hacía una llamada al móvil,  —me preguntaba como estaba, yo le respondía que bien y eso era todo— el único lujo que me permitía, dada la precariedad económica en que me encontraba, pero inmensamente necesario a la hora de comunicarme algún tipo de trabajo. Había estado en la E.T.T. y les había dicho que cogería lo que me ofreciesen, menos hacer de puta, cualquier trabajo me venía bien.
El timbre de la puerta me sacó de mi ensoñación, abrí y era el vecino de al lado. Un hombre maduro que se tenía por un seductor y que de vez en cuando se ofrecía por si necesitaba algo, aunque siempre lo rechacé. Había algo en él que no me daba confianza, pero igual eran imaginaciones mías, últimamente estaba muy susceptible, sobre todo con los hombres, me molestaba incluso que se me acercaran, el abandono de Arnau no había podido superarlo todavía.
 —Hola Dunia, voy a salir a hacer unos recados, te llamaba por si necesitabas algo. –Se ofreció como casi cada día.
 —Gracias Marc, pero no necesito nada. —Denegué como siempre, todos los días era lo mismo, en cuanto se enteraba que estaba en casa, se presentaba como por casualidad, por si necesitaba algo, aquello ya me estaba cansando, pero no me gustaba ser grosera.
 —Sabes que soy muy manitas eh, si tienes un grifo que gotea o un enchufe que cambiar me llamas, que los vecinos estamos para eso. —Era el ofrecimiento de todos los días, era demasiado amable, empalagoso diría, y yo quería estar sola, no quería que me cambiasen enchufes ni que me arreglasen grifos.
 —De veras, no necesito nada, si alguna vez me hace falta algo, se lo digo, ahora tengo prisa, adiós. —Intentaba quitármelo de encima.
 —Cómo quieras, pero ya sabes, el ofrecimiento es en serio... y tutéame por favor, siempre te lo digo, ¿tan mayor me ves? —me reprochaba.
—No por Dios, claro que no, es deformación profesional, suelo tratar de usted a todo el mundo, pero le prometo que lo intentaré... la próxima vez... ahora de verdad tengo prisa —cerré la puerta o aquello se eternizaría como otras veces.
Al quedarme sola volvía a recrearme en mis memorias, no podía apartar de mi mente el recuerdo de mi marido, pensaba en su cuerpo torneado y atractivo, tan sensual, tierno, protector, tan irresistible, tan caballero en definitiva, que por mucho tiempo que transcurriese, nunca podría aceptar lo que había pasado, nuestra vida en común no podía haber sido una farsa, me negaba a creerlo, por eso era incapaz de dar carpetazo al pasado.

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